El Gran Poder recibe culto y veneración desde hace 300 años en la parroquia de la Peña de Francia del Puerto de la Cruz. Se trata de una bella talla de gran valor artístico y religioso, perteneciente a la escuela sevillana y de autor anónimo, de finales del siglo XVII, que llegó a la isla y concretamente al Puerto por atribución a un designio divino. El escritor e investigador portuense Melecio Hernández, relata que el capitán de artillería Pedro Martínez Francisco, natural de Breña Alta, encargó a un taller de imaginería de Andalucía una escultura de un Cristo del Gran Poder para la iglesia de su pueblo. Pero, por error del consignatario del barco que lo transportó, se quedó en el muelle del Puerto de la Cruz, pese a los reiterados y frustrados intentos de los marineros por reembarcarla hacia su punto de destino. Según cuenta la tradición, cuantas veces los pescadores intentaron embarcar al Cristo, el mar rompía en tempestad, serenándose únicamente cuando la imagen retornaba al embarcadero. Vecinos y pescadores interpretaron este hecho como milagroso y consideraron que el Puerto de la Cruz era el lugar predestinado para morada y templo de aquella imagen. Ahí nació la creencia popular de que el Gran Poder estaba en el Puerto no por voluntad humana, sino por voluntad divina.