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AGUAYO

La plaza de España

14/jul/08 24:59
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TRANSCURRÍA EL 14 de septiembre de 1953 cuando el "Villa de Madrid" atracó en el muelle Sur de Santa Cruz y la familia regresó a la isla tras un periplo de doce años viviendo en la tierra de mi padre, donde dejamos parte de la estirpe y mucho de nuestros corazones. Mi hermano Paco, del que hablaré en otro momento y que fue sin lugar a dudas el mejor publicitario de Tenerife, vivía aquí porque mi padre lo envió a hacer el servicio militar "voluntario" y a cuidar de los abuelos maternos. Ese día ejerció de excelente anfitrión y nos llevó a dar una vuelta por toda la ciudad, parando un buen rato en la preciosa plaza de España, que lucía con empaque y extraordinaria belleza. No me cansé de verla, y pedí a mi hermano varias veces que repitiera otra vuelta, ya que cuando marché con algo más de cinco años no pude guardarla en la memoria, y la única manera de recordarla era por unas postales de Baeza o Cebrián, creo, que nos enviaban por Navidad.

Cuando uno se va de la tierra de niño y regresa de mozo, los recuerdos de una orilla y otra son imborrables. Ahora que han remozado la plaza, han intentado mantener todo aquello que mis lejanos recuerdos añoraban, pero sin éxito, ya que después de pasearme más de tres veces por ella y observar con atención los nuevos detalles y los restaurados, ya estoy en condiciones de emitir una sincera opinión.

La antigua plaza la ideó el arquitecto Machado, y se esmeró de tal modo que consiguió un recinto entrañable y bonito, con hermosos parterres de plantas y flores, pérgolas, bancos de piedra, las escaleras que ejercían de base de la cruz, el kiosco de la Alameda... Con el tiempo se llenó de diversidad de ciudadanos que le dieron vida, los limpiabotas, las cañas, los berberechos o mejillones... Todo eso quedó atrás, porque el monumento a Los Caídos ha quedado prácticamente a ras del suelo, y las hermosas estatuas de bronce están ahora rodeadas por laureles de indias que crecerán y las taparán. Era un lugar de paseo que los representantes del ayuntamiento se cargaron cuando decidieron meter con calzador el carnaval y otra clase de festejos, convirtiéndola en el estercolero de entrada en la ciudad. Los arquitectos suizos encargados de la remodelación han creado otra cosa completamente distinta que hace que evoque el proyecto inicial de Machado. Puede que para la gente joven resulte un espacio de ocio y relajación, porque ahora es mucho más grande, aunque no más bonita; y veremos qué pasa con el enorme lago, que espero tenga éxito, así como la iluminación nocturna de esas originales luminarias en forma de gota de agua. Supongo que con la oscuridad parecerá más espectacular, y confío en que no se llenará de confeti de colores, ni se convierta en una perenne verbena y, sobre todo, que los adolescentes y vividores de la noche no la destrocen, ni la utilicen como lugar de "botellón" o juergas. Espero que no acabe en el abandono en el que están otros lugares de la ciudad donde ha habido demasiada permisividad y complacencia.

Esta nueva extensión no es mi querida plaza de España, la aceptaré y trataré de encontrar su belleza. Estoy totalmente en contra de encargar siempre las grandes obras de Tenerife a arquitectos foráneos que no conocen nuestra idiosincrasia y que intentan meter con calzador el vanguardismo. Las ideas de estos suizos son como los pufos del Calatrava, y ninguno tiene la entidad de Machado, Marrero Regalado y tantos otros que nuestras autoridades olvidan sistemáticamente. ¿Cuál es la opinión del Colegio de Arquitectos? El que calla otorga.

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