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EN EL CAMINO DE LA HISTORIA JUAN JESÚS AYALA

El transfuguismo toca a la puerta

14/jul/08 24:59
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Y lo hace a la puerta de la política canaria, al menos es la que nos importa y debe ser motivo de preocupación. Que un tránsfuga que seguramente tiene motivos, aunque inconfesables y socialmente inaceptables, tome esta o aquella decisión dirigida a cambiar el poder de manos siendo los protagonistas y como esta actitud esta amparada por la ley por aquello de la moción de censura, pues nada, se hace lo que sea y ya está. Se cumple con la ley. Y la ley está para cumplirla y todos tan tranquilos. Y si además se pone como testigo al pueblo, el amor desenfrenado que se tiene por él, el deseo imperioso de ese pueblo por favorecer antes de tiempo un cambio político, entonces se está rayando la perfección.

El tránsfuga, en ese momento y por arte de birle-birloque, pasa de villano a héroe, de rencoroso y egoísta a solidario, de intervenir y ser copartícipe en operaciones tras cortina a presentarse con la cara limpia ante los demás con justificaciones que sólo convencen a los resentidos e instigadores y a la marrullería de algunos políticos, no de la política. La política es una abstracción, no tiene cara, son los dirigentes de las organizaciones los que apoyan e incitan su deterioro; los que esconden sus vergüenzas en el anonimato y los que se escandalizan a diario de no se sabe qué y a estas actitudes y deleznables acciones les dan pábulo, calor y desde las sombras lo único que les sabe bien, aparte de caérseles la baba, es frotarse la manos de una victoria estúpida y facilona.

Y las justificaciones, claro está, no pueden esperar. Ahí están amparadas por los silencios previos, por los apercibimientos insulsos, por las comparecencias amañadas que son las que dan marco y realce al desaguisado, en intento, así lo dicen, de poner a cada cual en su sitio.

El poder tiene estas mañas. Pero no hace falta ser un lince para saber que de lo que se trata, precisamente, es de eso, de tener el poder por el poder, sin ningún tipo de contemplaciones y caiga quien caiga.

Cuando llega el momento del cambio, de uno por el otro, se hace sin titubeos, sin vergüenza, con desparpajo, sin atenerse a las consecuencias y el tránsfuga se siente henchido de gozo y rebosante de poder y mando. Respira tranquilo, aunque le cueste conciliar el sueño durante mucho tiempo.

Entretanto, eso sí, en los cuartos trasteros de la indignidad política se está componiendo el mejor canto que se haya hecho a la deslealtad, a la mezquindad, a la falta de estilo político y hasta personal si se quiere.

Todo ello se hace con el aplauso unánime del rencor, de los que no dan la cara porque se les caería de vergüenza, de los que tras bastidores contribuyen ellos, tan demócratas de toda la vida, a que ésta se tambalee quedando gracias a su aportación y a la de los desarraigados que sean los tránsfugas sus mejores y más ejemplarizantes valedores.

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