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TACHI IZQUIERDO, Tenerife
A los vecinos de las 96 viviendas de García Escámez ya sólo les queda por hacer una pregunta: "¿Qué va a pasar con el futuro del barrio?". El abandono y la falta de respuesta municipal a sus necesidades acrecientan el deterioro propio de unas construcciones, que ya rondan los 65 años, pues son fruto de las acciones del Mando Económico, que ostentaba el capitán general que da nombre a la barriada.
Hace casi dos años que los vecinos pusieron en conocimiento del distrito Ofra-Costa Sur una batería de necesidades, que también hicieron llegar al actual concejal, José Alberto Díaz-Estébanez, "por el que aún esperamos", aseguró la presidenta de la asociación de vecinos del Grupo de las 96 Viviendas García Escámez, María del Carmen Ventura.
La dirigente vecinal ha lanzado un llamamiento de preocupación a través de la Federación de Asociaciones de Vecinos Tinerfeña (Favet), cuyo presidente, Pedro Paz, anunció que de persistir "esta pasividad, y como recibamos una sola queja vecinal, le exigiremos al alcalde, Miguel Zerolo, que cese al concejal de distrito de manera fulminante". Pedro Paz dijo que "Ofra necesita un hombre o mujer dispuesto a trabajar por los vecinos, porque llevamos todo este mandato sin un representante válido, y el actual concejal no hace nada".
Por su parte, Ventura afirmó que "por la barriada no ha venido nadie", y narra necesidades como la falta de accesibilidad en las aceras, el deterioro de fachadas y balcones o la necesidad de reformas generales, para lo que solicita que "alguien del ayuntamiento venga y se interese por cómo está el barrio". Además, comentó que "aún seguimos sin alumbrado en los accesos a las viviendas, ya que Unelco, según nos comentaron sus responsables, procedió a su corte por orden del ayuntamiento".
Con relación a esta decisión, la dirigente vecinal explicó que "aquí hay casas en propiedad y otras que pertenecen a Viviendas Municipales, pero de la noche a la mañana cortaron la iluminación, sin dar explicación alguna, cuando, supuestamente, los portones están en la parte pública".
Además, María del Carmen Ventura puso de manifiesto que Urbanismo lleva casi dos años sin realizar un estudio de las estructuras de las viviendas, "para determinar su estado con el fin de rehabilitarlas", tiempo en el que, dijo, "algunos vecinos han tenido que afrontar el mantenimiento con su dinero". Sin embargo, señaló que "hay muchas personas que sólo tienen una pensión y no les alcanza para realizar reformas", y que por ello, "pedimos un poco de ayuda, ya que lo han hecho en otros barrios del mismo distrito y este parece que no existe".
Además, la humedad se hace patente en muchos de los portones y el estado de algunos balcones representa un evidente riesgo de desprendimiento, "algo que nosotros consideramos debe arreglar el ayuntamiento porque está en el exterior de las casas, y muchas de ellas, por cierto, son de propiedad municipal".
"Es mucho lo que hay que arreglar", se lamenta Ventura, quien dice que "ya es demasiado para nosotros", y que por ello, le reclama a los responsables municipales "que se sienten con nosotros para que nos digan en qué va a terminar la barriada".
Además, denuncian la ausencia de equipamientos públicos, y ponen de manifiesto que el único parque infantil del barrio "necesita un material acolchado, ya que aún es de superficie de tierra y cuenta con muchos filos que son un peligro para los niños".
Para los representantes vecinales, "los políticos no tienen excusa sí deciden no hacer nada porque creen que se trata de viviendas en propiedad, pues justo en la parte de enfrente, en la carretera de El Rosario, el ayuntamiento fue el que mejoró las fachadas, al igual que en Somosierra y otras zonas".
La presidenta de la asociación de vecinos dijo que "aquí lo que pasa es que nos tienen olvidados, como si no existiéramos, pues de hecho, somos el único barrio de la capital que no ha entrado nunca en un plan de barrios".
Una historia personal
Entre las principales demandas de los vecinos de las 96 viviendas de García Escámez figuran los accesos a las casas, con la dotación de unas rampas y unas barandillas que faciliten el acceso a las personas mayores. Como los años han pasado, y no se atendió la solicitud de acondicionar un acceso para una vecina que padece una minusvalía, ha tenido que ser la propia afectada la que ha corrido con los gastos. Elsa Cabrera es el mejor ejemplo para que afloren carencias como las rampas y rebajes en las aceras, "algo que supone que me juegue la vida a lo largo de la carretera para desplazarme". Es más, para algo tan simple como acudir a la tienda que le gusta "es algo que no lo puedo hacer, porque no hay ni un solo rebaje que me facilite el paso". Incluso, señaló que "cuando tengo que ir a votar me da mucho miedo, porque tengo que ir por la carretera, casi sorteando el tráfico intenso de la zona". Para Elsa Cabrera, éste no es el único inconveniente, ya que acceder o salir de su casa es otra batalla diaria, ya que no cuenta con ascensor. Para instalar un elevador hasta el segundo piso sólo encuentra inconvenientes por respuesta en las administraciones, ya que su pensión con un importe por encima del Salario Mínimo Interprofesional es otra barrera para acceder a las ayudas. Sin embargo, advierte que, "si lo quieren es cansarme, yo los cansaré primero, pues lo único que me queda es la paciencia".
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