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DE DOMINGO A DOMINGO FRANCISCO AYALA

Las tribulaciones de un pagador

13/jul/08 24:59
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OJO, no digo un deudor, sino un pagador, porque no debo nada a ninguna corporación de las que me cobran, la verdad, no mucho, pero me cobran sin cometer la falta que me achacan. Este periodista que, como todos los humanos, no está libre de ninguno de los avatares a los que los humanos tenemos que hacer frente por ser humanos, tuvo la mala suerte de, una semana de éstas, chocar, por alcance, con el vehículo que le precedía cuando circulaba por la avenida de los Reyes Católicos de Santa Cruz. La culpa de estos accidentes que, raramente son graves, porque no son a mucha velocidad, sobre todo en vías de la población, la tiene el que va detrás, el que va delante o alguien que pasa y hay que esquivarlo, que casualmente fue mi caso en esta ocasión. He tenido, como todo antiguo conductor, muchos choques de estos; unos recibidos y otros dados, y, cuando la persona es normalmente educada, asume su responsabilidad y todo termina en una abolladura que repara el seguro, que es obligatorio. Fue también mi caso, pero no contaba con otros detalles fortuitos. El dichoso "air-bas", que si no se llama así, así suena, en vez de defenderme la cara, me dejó visibles raspones por la forma en que infló y, la verdad, no quedé para presentarme al concurso de "Míster España"; ni siquiera al de "Míster La Gomera", que es mi pueblo. La cara me quedó, quiero decir, feamente, afectada, dando un aspecto más grave de lo que era, porque en realidad era una especie de raspadura. Tuve inmediatamente al lado al conductor del coche afectado que vino a auxiliarme y a darme ánimos, así como a llamar por su móvil al 112, para que mandara una ambulancia, que llegó enseguida con unos números de la Policía Local, que tuvo un comportamiento modélico, pues creyó que la herida era más grave y me mandó a La Candelaria, la Residencia Sanitaria, donde me trataran la cara. Mi sincera gratitud al conductor a quien me gustaría conocer para expresarle personalmente mi gratitud. Así como a los agentes del orden. En la Residencia me hicieron las curas de costumbre y confirmaron que eran leves.

Regresé a casa sin novedad y envié el coche al desguace, porque ya tenía intención de hacerlo, con lo que le do de baja en Tráfico. Y aquí empieza el papeleo. Recibo una carta de Sanidad para que firme que fui asistido. Conforme. Recibo una carta que me dice que he sido multado por conducir irregularmente y que debo pagar en la Policía una multa de 300 euros, y si pago antes de un plazo, la multa será la mitad. Conforme también, aunque no había por allí ningún agente de Seguridad que viera si iba bien o mal. En esta misiva me pedían los datos del otro coche, en lo que ni pude fijarme en el estado en que me encontraba. Y recibo por correo otra carta de Tráfico en que me dicen que me multan con la cantidad de diez euros, que debo enviar a la Jefatura, por medio de un banco, porque no exhibí a los guardias la tarjeta reglamentaria de circulación que tenía allí a mano, pero los policías no me la pidieron cuando me vieron la facha ensangrentada y la cara de pocos amigos, pero de tristeza. O sea, que no sólo no acuso sino les doy efusivamente las gracias a los policías por su atención y diligencia en saber de mi estado. Aquí lo que falta, que los responsables del ayuntamiento cojan el recado, es que los servicios sociales fallan lamentablemente en su aplicación. La concejala de este servicio tiene que saber que un conductor afectado por un golpe en la cabeza no puede fijarse en números ni en datos ni en nada. Es más, casi se entera del accidente por la carta.

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