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RICARDO MELCHIOR NAVARRO *

Romerías, símbolo de canariedad

13/jul/08 24:59
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Muchas son las celebraciones que jalonan el calendario estival en nuestra Isla. Esta es la época en la que lo religioso y lo mundano comparten afanes para concebir la fiesta, la cita con la diversión sana y también con el recogimiento dedicado a esos santos que han procurado su protección al pueblo. Entre todas ellas, las romerías cuentan con una significación especial porque, sin duda, muestran con mayor definición ese apego a la tierra que corresponde a las gentes de bien, respetuosas con sus tradiciones, con el legado recibido.

La romería es un símbolo de canariedad, de ese sentimiento que nos une a lo nuestro. Surgidas hace largo tiempo como una manifestación de gratitud a la Providencia y de alegría por el fruto cosechado, en nuestros días representan también un encuentro con lo propio, con aquello que mejor nos define. Es un momento para el esparcimiento y para la reunión con las costumbres ancestrales de los hombres y mujeres del campo, que son el cimiento sobre el que se edifican las sociedades.

No importa la localidad en que se celebren, todas las romerías nos invitan a vivir intensamente la fiesta y a celebrar esa identidad isleña de la que cada vez somos más conscientes. Su colorido sin límite y sus sonidos nos llevan a disfrutar con la tradición que todo lo envuelve. El discurrir de las carretas, el paso de los rebaños, la música de los romeros y sus vestimentas conforman un conjunto que despierta el sentimiento de los locales y el interés de los foráneos, orgullosos unos y admirados otros por lo que supone un espectáculo extraordinario.

Mantener estas celebraciones romeras es cumplir con la obligación de transmitir a nuestros hijos aquello que hemos recibido de nuestros padres. Por fortuna, podemos comprobar que cada vez se halla más arraigado entre nosotros el sentido de identificación con lo popular y que las romerías conservan su plenitud. De hecho, son muchas las poblaciones que nos convocan a compartir una jornada de diversión y de exaltación de lo isleño.

Se trata, asimismo, de una oportunidad singular para comprobar las virtudes de nuestros productos del campo, los que tradicionalmente han garantizado la pervivencia en un medio exigente y duro, pero, al propio tiempo, pródigo en satisfacciones. Las papas, los quesos, los vinos? todo ello contribuye también a acrecentar los atractivos de la fiesta, en la que igualmente se puede apreciar al detalle otras cuestiones de sumo interés, como ocurre con las labores realizadas en los trajes de los romeros.

Precisamente, esta es una faceta en la que podemos reconocer con agrado la tarea realizada con el fin de rescatar los diseños y telas comúnmente utilizados antaño, algo que debemos agradecer a las personas que han sabido adquirir ese compromiso y no han dudado en investigar en profundidad para traerlos hasta el presente. A su dedicación se debe el que hoy en día podamos distinguir la amplia variedad y la prestancia que nuestros antepasados empleaban en el vestido.

Acudir a las romerías es consumar el rito de lo propio, de lo que nos define como lo que somos. Por ello invitamos a todos a asistir a las celebraciones y hacerlo, además, con el único ánimo de disfrutar de la fiesta.

* Presidente del Cabildo de Tenerife

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