Si es cierto que democracia es la doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno y, por lo tanto, el predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado, no es menos cierto que al amparo de este concepto, en muchas ocasiones se ha hecho un uso indebido de la legitimidad que otorga.
En cuanto al sistema democrático, para que éste funcione han de ser demócratas tanto el pueblo como los políticos. Estos últimos tienen la obligación de mantener esa actitud todos los días. Mantener esa actitud de forma cotidiana es, como en todas las cosas grandes del ser humano, cuestión de principios. Es la única forma posible si se quiere actuar en sintonía con el buen hacer de la política.
Precisamente del buen hacer político nos están privando a los canarios. Solo hay que prestar un poco de atención a lo que está ocurriendo en nuestra política. A la ya conocida incoherencia de cierto sector político, apreciamos ahora un desgaste considerable. Ante la desgana o el incesante deseo de poder (en el peor de los casos), estaría bien que se dé paso a quienes tienen otra manera de ver la política, entendiéndola siempre como servicio, nunca como beneficio.
No se puede entender la política si no se pretende la excelencia, es decir, alcanzar el mayor grado posible de perfeccionamiento. Sin este fin, la legitimidad no estará presente entre quienes pretenden gobernar. Es lógico que donde no hay legitimidad, no hay compromisos y donde no hay compromisos, no puede haber transparencia. De sobra es conocido lo que ocurre cuando esta última brilla por su ausencia (de ahí el interés por empezar hoy con dos palabras, degradación y política, que, por desgracia, separarlas es casi imposible en algunos casos).
Ya que estamos hablando de política canaria no podemos dejar de lado lo ocurrido esta semana, donde el transfuguismo parece que cobra un nuevo protagonismo. Entendemos que las mociones de censuras, son actos democráticos igual que lo es acudir a votar. Eso es una cosa y otra bien distinta la forma más desagradable de hacer política, como lo es permitir que los tránsfugas ocupen cargos públicos.
Aquí debemos de detenernos y reflexionar seriamente sobre lo que nos rodea y todos deberíamos exigir la dimisión de estas personas que, muy lejos de trabajar por los demás, se empeñan en ir en contra de toda conducta razonada hacia el bien común.
Desgraciadamente, no es la primera vez que nos encontramos con este tipo de delincuentes. De eso sabe mucho el ínclito Román Rodríguez, a quien no dejaremos de criticar por ser un tránsfuga y por otros temas que ya hemos comentado en alguna que otra ocasión y que, por cuestión de tiempo o espacio, no podemos recordar. No crean que nos alegra cuestionar la tarea de los demás, lo que ocurre es que cuando hablamos de delincuentes, entendemos que es obligación de todos denunciar y no callar lo que no es correcto. De sobra es sabido que el silencio no es rentable y mucho menos ahora con los tiempos que corren, en donde la política se ha convertido en un todo vale. Menos mal que este quehacer no es el de la mayoría, y aunque hay quienes se niegan a creerlo, en todos los partidos encontramos personas responsables.
No podemos decir lo mismo de Juan Fernando López Aguilar, quien ha pretendido gobernar o hacer por Canarias desde Madrid o desde no se sabe dónde, porque por aquí no lo hemos visto mucho, todo sea dicho. Dos cosas le decimos a este señor: la primera es que quien practica y disfruta de la política lo hace "in situ", ya que de otra forma es impensable. La segunda es que quien no condena y rechaza la corrupción y, por lo tanto, a los tránsfugas, deja mucho que desear.
No nos extraña su postura, no es nuevo que no sea coherente y consecuente con sus hechos.
En realidad, los que se han asombrado esta semana y han mostrado su inquietud por tanto desorden político no tienen por qué hacerlo, ya que si lo miran desde otra perspectiva es más de lo mismo. Cuando se pierden las formas o se desvirtúan los valores, los resultados no pueden ser otros.
* Senador por la isla de Tenerife, vicepresidente 2º y consejero del área de Sanidad y Relaciones con la Universidad del Cabildo Insular de Tenerife
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