Comenzó julio y lo hizo a traición. La primera noche del mes me dejó baldado. Es la primera vez que viajo en ambulancia. En la camilla, quiero decir, pues de acompañante del conductor lo hice unas cuantas veces con el amigo Pinocho, de cuyas cualidades como enfermero y demostrada humanidad tienen constancia una legión de "viajeros". Ahora es funcionario de prisiones. Mejor para ellos. Dice que los presos canarios son "los que mejor se portan". Qué curioso. En fin, aunque de presos y cárceles habría mucho que escribir? aquí, hoy, no toca.
Les contaba que comprobé la mala amortiguación de la ambulancia del Servicio Canario de Salud esa primera noche de julio. Una piedra justiciera decidió salir del riñón izquierdo en ruta hacia la vejiga. Y hacer varias paradas. P´a joderme. Cólico nefrítico le dicen al tránsito. Mejor le hubieran llamado calvario. El dolor de los dolores, el dolor más inhumano, es pillarse los "aquellos" con la tapa del piano. Pues no. Aunque no conozca tamaño sufrimiento, con lo que he padecido de éste, puedo afirmar sin temor a equivocarme, que no puede superarse. Imposible.
En fin, visita a las Urgencias del Hospital Universitario. De entrada me encuentro a un montón de enfermeros sujetando a alguien en el suelo -no sé si hombre o mujer- que debía tener un ataque de algo que lo hacía agresivo. Me sorprendió ver tanta gente trabajando a esas horas "de guardia". Y a tantos con necesidad de ser atendidos. Y tan variados. Uno que no lograba parar la hemorragia de la nariz; otro con algo que no le dejaba quieto un instante, aunque yo no le apreciaba nada "raro"; una chica jovencita con los mismos síntomas de quien escribe; un jovencito magrebí con un pie aplastado, otro que llegó todo pálido con la mano metida junto a la ingle y que acababa de tener un accidente de tráfico? y una chica -qué pena me dio- con lo que parecía un ataque de ansiedad, que no paraba de llorar, patalear, tirarse del pelo? mientras se tapaba la cara por la "vergüenza". La vergüenza es que no pudiera tener un sitio aparte para pasar el mal trago. Por intimidad, por dignidad, por compasión, por humanidad? esto hay que contemplarlo. Tiene que ser prioritario.
Fueron más de cuatro horas de espera. Dan para mucho cuatro horas. Sobre todo, si son las primeras del día. Leí todos los escritos y carteles que había por las paredes. Uno me llamó la atención. Intenté memorizarlo. De fondo decía algo así: "Que me den cita para dentro de un mes, que me atiendan en el pasillo, que aún no estén los resultados, que la consulta esté llena, que todavía no le toque, que no puedan atenderlo ahora, tener que compartir habitación con otros enfermos, que no haya suficiente personal?" Y, sobreimpreso destacaba: "La agresión no es la solución".
Yo no sabía que el ochenta por ciento de las enfermeras -ocho de cada diez- han sido víctimas de alguna agresión. Ni que los profesionales sanitarios que trabajan en los servicios de urgencias, dadas sus especiales condiciones, sean los más susceptibles de sufrir golpes, amenazas e insultos por parte de los pacientes o sus familiares y acompañantes.
No sabía tampoco -ni me pasaba por la cabeza siquiera- que hubiera tanta gente que esperara a los médicos a la salida de las consultas para intimidarlos, exigirles un diagnóstico determinado para lograr una baja laboral o la jubilación, medicamentos a voluntad, o como revancha porque un familiar ha fallecido. Incluso, y manda narices, los hay que actúan por placer sádico de humillar o herir al médico.
Esta semana, un juez de Málaga ha condenado a un año de prisión a un ciudadano -padre de un alumno- por haber agredido a un maestro. Considera la agresión como un "atentado a la autoridad", como si el agredido fuera un policía o un juez. La sentencia me parece más que justa. Justa porque defiende al maestro. Porque lo protege frente a la barbarie de un energúmeno incapaz de comprender el papel esencial que desempeñan los maestros en el engranaje social. En las escuelas se enseña y donde se educa es en casa. Si esto no funciona, pasamos a la ley de la selva. El respeto a los maestros debería ser la premisa de toda sociedad avanzada. Un año de cárcel puede servir de aviso a navegantes -padres y alumnos- y quizá evite muchos naufragios.
El maestro es una autoridad, y también deberían ser así considerados los médicos y asistentes sanitarios que con tanta frecuencia son víctimas de agresiones por parte de pacientes impacientes o encabritados. Por cierto, el personal de urgencias del hospital? extraordinario. Gracias.
P.D. Hoy hace cuarenta y un años que llegaste cargado de esa inocencia eterna que tanto une a los que te queremos. No sé cómo serías sin esa parálisis cerebral que te produjo una maldita negligencia médica. Pero? Toño, hermano del alma, más no te podríamos querer.
Feliz domingo.
adebernar@yahoo.es
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