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Cartas al Director

8/jul/08 02:13
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Eólica 2008. Viernes, 4 de julio

Intentaré exponer los hechos sin demasiada pasión y reprimiendo mi enfado, para que juzguen ustedes mismos, y no extenderme demasiado.

Dos horas después de la hora prevista, a las 22:00, no había empezado. Dos horas y media de arreglar algún problema técnico y las pruebas de sonido, que debían estar hechas. Nadie nos explicó nada. El grupo canario Karlovy Vary pagó el pato, la gente abucheaba y, entre otras cosas, se podía oír: "Un poco de respeto, que pagamos 20 euros". Ni gratis. Karlovy Vary, los primeros en actuar, pidieron disculpas (clamoroso aplauso del público), cosa que debió hacer la organización y probaron durante diez minutos para tocar quince, de los 50 previstos, según explicaron. Después del enfado el público se volcó y vibró con ellos.

Entre grupo y grupo llegó a pasar hasta una hora. Una simple explicación y una disculpa hubiera calmado a la gente, un poquito de respeto. No entendíamos que esto pudiera pasar en un festival a este nivel y después de seis años en marcha. Alguien de la organización en el escenario, dando la cara, se echó en falta.

Los vasos no eran reciclables ni había contenedores para separar. Festival Eólica promueve la ecología y las energía alternativas. Y me pregunto, cómo se hubiera organizado la cosa si alguien en silla de ruedas o con alguna dificultad física hubiera querido asistir. A la vista no estaba la solución.

Disfruté muchísimo de la calidad insuperable de todos los grupos y músicos. Agradezco su entrega total. Acabé agotada. Demasiadas horas de espera cansan más que todas las del mundo bailando.

G.L.

Felicitaciones a Correos

Esta vez quisiera romper una lanza a favor de los trabajadores de Correos. Quiero dirigir mi agradecimiento a Correos en general, pero sobre todo a los funcionarios que reparten la correspondencia en la Rambla General Franco de Santa Cruz de Tenerife, tramo donde se ubica el Colegio de Aparejadores (zona de Almeida).

Resulta que con suma impaciencia esperaba recibir un sobre conteniendo documentos varios y una revista, para mí de gran valor sentimental, que me era remitida desde un pueblo de la provincia de Badajoz. Y, habiéndome enterado que a dicho sobre, por olvido, omitieron señalar el número de la vivienda a la que se dirigía y, teniendo en cuenta la gran cantidad de edificios y números que se registran en la llegada, dicha calle, consideré lo del sobre como una misión imposible.

Pero, ¡oh!, agradable sorpresa. El susodicho sobre llegó felizmente a mi poder. ¿Y a qué fue debido ello? Indudablemente, a la gran eficacia y buen hacer del cartero de turno, que puso su empeño en hacer bien su trabajo.

Gracias y felicidades, señor cartero, por su enorme profesionalidad.

J. Mejías Marín

Sueños y realidades... "opinables"

En la reciente Eurocopa, la selección española tuvo su gran momento de gloria a lo largo de una excelente -para variar- actuación, que culminó con el logro del título de campeones. Atrás han quedado ya aquellos momentos de satisfacción y euforia para millones de aficionados -histeria que ya es historia- y que permanecerán sólo como gratos recuerdos. Esta es la parte de los sueños que, como tales, son fugaces e inaccesibles.

Ahora nos toca, tras aquellos breves días de sofronización mayormente colectiva, que nunca vienen mal para la salud física y mental, enfrentarnos a la prosaica e inevitable realidad. Nos toca, como sufridos peones en el gran tablero del juego de las oligarquías, tener que pagar los platos rotos de sus indecentes pasatiempos, eso sí, en un entorno de feliz democracia, que como ensueño queda muy bien pero en la praxis resulta algo menos balsámica, sobre todo a la hora de que nos madruguen nuestro menguado poder adquisitivo, digo. Esta es la parte de las realidades... "opinables" (ZP dixit).

Surge de nuevo la realidad que permanecía camuflada tras los sueños; la realidad del euribor y las hipotecas, el desempleo, la inestabilidad bursátil, la subida de la cesta de la compra, la inflación y el precio del petróleo. Y aquí es donde entran en juego las fintas semántico-eufemísticas para tratar de maquillar, en una magistral escenificación de la táctica del avestruz, la sombría realidad de una recesión económica cuyo final es difícilmente vislumbrable.

No obstante ello, y según la opinión del conspicuo presidente del Gobierno y sus no menos conspicuos y conspicuas epígonos y epígonas, la situación es "opinable". En efecto, salvo quizás algunos axiomas lógico-matemáticos o de geometría, no todos, como ya se encargó de demostrar Kurt Gödel, allá por los años 30 del pasado siglo, en este mundo de nuestras alegrías y pesares, todo es opinable. Y en cuestiones de política, hasta resulta obligatorio poner en tela de juicio todo lo que surja de tan preclaras mentes, sobre todo si somos los contribuyentes los que tenemos que avalar con nuestro pecunio sus delirios y decisiones desde la poltrona.

J. Lavín Alonso

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