ME COMENTABA el otro día mi amigo Pelicar que su hijo pequeño le había dicho en una ocasión que cuando fuera mayor quería ser como Arguiñano. Me confiesa mi amigo que se sintió muy contento, casi eufórico porque al fin uno de sus hijos había encontrado su verdadera vocación; por lo que le preguntó de inmediato, con una alegría a duras penas contenida, que si lo que en realidad pretendía decir era que quería ser cocinero; a lo que el pequeño le respondió, mirándole a los ojos con cierta perplejidad: No, papá, lo que quiero es ser rico, rico.
No todos podemos, ni queremos, ni deberíamos ser arquitectos, ingenieros, médicos, periodistas, científicos, abogados, economistas?; sino que también los hay que deberían querer y, por tanto, tener la posibilidad de ser carpinteros, ebanistas, bomberos, auxiliares administrativos, peluqueros, policías, camareros, albañiles?; y, como no, cocineros, como Arguiñano.
Una sociedad no puede basar su economía productiva en creer que porque tiene una universidad más o menos competitiva, académicamente hablando, lo cual, por cierto, no implica ni prestigio ni excelencia, de donde poder sacar licenciados y diplomados como el que hace churros; sin importarle lo más mínimo de dónde vienen -venir vienen de una educación básica en la que la preparación académica brilla por su ausencia- y a donde van -la mayoría de ellos irán sin duda a engrosar la plantilla de la mayor empresa del País: el INEM-, esto le va a reportar, ni mucho menos, los mecanismos suficientes como para completar el proceso productivo y de industrialización necesarios para contribuir al normal crecimiento de su economía.
Vivimos en Canarias, donde el turismo es el primer potencial de que disponemos. Nuestras Islas son, sin duda, un referente mundial por su situación geoestratégica, por su clima, por su gastronomía, por disponer de una situación social y una estabilidad política ajenas por completo a los conflictos raciales y a las aventuras independentistas, que ampara una seguridad jurídica en las inversiones y, sobre todo, una seguridad y una tranquilidad sobre los bienes y las personas que hace que Canarias sea un destino turístico preferente en la elección de los millones de visitantes que nos honran con su presencia. Es hora, pues, de que nuestros gobernantes, por la parte que les toca, y los empresarios, por su cuenta y beneficio, entiendan que los estudios de hostelería han de ser una prioridad para poder seguir siendo competitivos. Las relaciones comerciales están cambiando a una velocidad de vértigo; y en el mundo del sector servicios, aún más. Es necesario mejorar la gestión de los recursos humanos. Hacer comprender a los que se dedican a esto que en el sector de la hostelería, por poner solo un ejemplo, no todos los que están dispuestos a trabajar en ello disponen de la sensibilidad y de la actitud adecuadas; y, aunque es cierto que corren malos tiempos, y que no hay liquidez suficiente, ni estímulo por parte de los empresarios, sí que es necesario que los profesionales exijan una compensación económica acorde a su preparación, dedicación y profesionalidad; en una palabra, reivindicar la dignidad que el ejercicio de su profesión conlleva y significa.
Tenemos los canarios la ventaja de que si lo hacemos medianamente bien, los resultados pueden ser muy beneficiosos para un sector laboral que en estos momentos se encuentra como desubicado, por no decir totalmente desorientado. Los estudios de hostelería, prácticamente, aseguran, a quienes opten por ellos, un trabajo más o menos estable. En Madrid, comunidad que va a la cabeza de España en muchísimos aspectos de libertades políticas y de iniciativas fiscales, administrativas y empresariales, el 100% de los alumnos de su Escuela de Hostelería y Turismo encuentran trabajo nada más terminar sus estudios. No podemos seguir pensando que "cualquiera", simplemente con que tenga buena voluntad, se puede dedicar a esto del mundo de la hostelería; es necesario un aprendizaje que puede ser de grado medio o incluso superior; y que, por tanto, ofrezca como alternativas, al menos, las siguientes opciones: técnico en cocina, pastelería, panadería, servicios de restauración y bar -principalmente camareros-, recepcionistas y auxiliares de hoteles, relaciones públicas, jardineros, maîtres, sumilleres, personal de lavandería y limpieza, auxiliares administrativos, compras, comercialización turística?; y tantos otros puestos de trabajo que necesitan de una especialización que, por desgracia, al menos hasta ahora, ha corrido a cargo de los empresarios del sector, ya que la administración pública siempre ha ido a remolque en esto de la formación, de una forma absurda e incluso suicida; ya que no se entiende que, siendo Canarias una comunidad de servicios, no tenga una tradición en la formación pública -ya sea profesional y no digamos ya universitaria-, en lo concerniente al turismo, a la hostelería y a la restauración. Apostar por la formación es, sin duda, apostar por nuestro futuro.
macost33@hotmail.com
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD