SI UN PAÍS no tuviera memoria histórica, es que este país no tendría historia, lo cual es inconcebible. Y si un Parlamento de cualquier Nación dicta una ley sobre la memoria histórica, esta ley, como todas las leyes, para ser válida, por lo menos en todas las Constituciones que ha tenido España, todo su contenido afecta, en nuestro caso, a todos los españoles, como si la dicta Francia, afecta por igual a todos los franceses y en Italia, a todos los italianos y en Rusia, a todos los rusos. Sin que un ruso o un italiano o un español se sienta favorecido o discriminado en el disfrute o las obligaciones que señala el texto legal en orden a sus ideas políticas o religiosas o de cualquier clase por una desigualdad. Todo el mundo sabe en España, y así se recalcó bastante, que la llegada de la llamada Transición, que en todo el mundo se ha calificado de modélica, traía la esperanza y un auténtico deseo de entendimiento total como pueblo del mismo origen y la misma Historia. Amor de los españoles a los españoles. Quedaron atrás las diferencias y los rencores, ya éramos una sola España, abocada siempre a la igualdad y fraternidad. Un retrato de esa situación deseada lo tuvimos hace pocos días y lo tendremos siempre en momentos semejantes cuando nuestra Patria obtiene éxitos internacionales.
La Ley de la Recuperación de la memoria histórica fue concebida con buenas intenciones, pero muy mal aplicada, porque al tratarse de destacar lo malo de una guerra civil, rencores y venganzas de un lado y de otro, aquella sintonía que comenzó a notarse en la Transición dejó paso a los rencorcillos de los que se seguían manteniendo fobias cuando se creía que todo estaba en orden. Ahora, en Tenerife, se hace notar una especie de organizaciones de la recuperación de la memoria histórica, que parecerían bien a todos los ciudadanos, de todas las tendencias, si, realmente, se recuperara esa memoria para copiar lo bueno, rechazar lo malo y saber lo que nos conviene, como lo hacen países como Estados Unidos, Alemania, Francia y hasta Portugal, con casi todos los países americanos del Norte, del Sur y del Centro. Pero para estas organizaciones, lo que se recupera es lo supuestamente malo y luego se destruye. No hay nada que se parezca a deseos de reconciliación, aunque aquellos a vengar están muertos. Incluso los desentierran. Y así perderemos hasta lo recuperado. Nos quedaremos sin patrimonio histórico y, naturalmente, seremos un país sin historia que es lograr lo imposible. Así que ya podemos empezar por el Escorial, el Palacio de Aranjuez, el Acueducto de Segovia, la Mezquita de Córdoba, el Teatro Romano de Mérida, la Catedral de Burgos, etc., etc. ¿Para qué queremos monumentos, si no tenemos historia?
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD