EL apego a las cosas esclaviza. Cuando perdemos o nos sustraen algo que consideramos nuestro, ya sea por la fuerza, ya sea por la persuasión de la inconsciencia, la incapacidad para recuperarlo nos abate y nos suma en un fuerte dolor o sufrimiento, porque, en el fondo, somos víctimas del sentido de la posesión. Nos afanamos por tenerlo y controlarlo todo, incluso, a costa del disfrute de esos objetos que nos encandilan. Nada de lo que tenemos nos pertenece realmente, nos ha sido dado en usufructo, porque, nuestra vida es tan efímera que, posiblemente, sea insuficiente para abarcar todos esos objetos de nuestros deseos y anhelos. Quizás nos quepa el consuelo de aprender a sobreponer el ser por encima del tener, tal vez, nos ayude a ser más libres.
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