Á. MORALES, Buenavista
Punta de Teno y el barranco de Masca son dos de las principales joyas del de por sí tesoro escondido de Tenerife: la Isla Baja. Desde hace años, los accidentes, algunos mortales, el descontrol en la afluencia de visitantes, la masificación de Teno durante los fines de semana y las consecuencias a modo de basura y otros perjuicios convencieron al gobierno de Buenavista, que preside Aurelio Abreu, de la necesidad de introducir medidas de control que fueron respaldadas por el Cabildo. Sin embargo, la oposición fue creciendo y paralizó la iniciativa hasta que la Administración insular ha decidido recientemente retomar la idea, lo que ha reabierto y agudizado la polémica.
Una gran prueba de ello son los insultos y duras críticas que ha recibido el consejero insular de Medio Ambiente, Wladimiro Rodríguez, en las últimas semanas en un sitio web. Según explica, lo acusan de mercantilista y de buscar negocio con la naturaleza. En su defensa, y en una visión que comparte plenamente el alcalde, Rodríguez considera que la situación en estos preciados parajes resulta desde hace tiempo insostenible, por lo que confía en que, cuanto antes, se apliquen modelos como los de Lanzarote con algunos de sus atractivos naturales, en los que se paga por acceder, o como ocurre con el Barrando del Infierno, en Adeje. A su juicio, este último es un magnífico ejemplo exportable a Buenavista, "ya que, con los tres euros que paga cada visitante, se asume el 50% de lo que cuesta la vigilancia y otras medidas, mientras el Cabildo y el consistorio aportan la otra mitad".
"Papá Cabildo -subraya- no puede pagarlo todo, ni vigilar el monte y la playa con la misma intensidad". El consejero lamenta los reparos que pone Costas para controlar la Punta de Teno y apunta a la falta de concienciación ciudadana y a la percepción de que debe existir total libertad para acceder a todos los lugares como la segunda clave del descontrol en este paraje protegido. Un enclave que, en un agradable contraste, quizás se convierta pronto en reserva marina, tal y como ocurre en El Río, entre La Graciosa y Órzola.
Como el Cabildo, el alcalde apuesta apuesta por guaguas que visiten Punta de Teno con una frecuencia a fijar y por controlar las excursiones al barranco de Masca desde el Parque Rural, que ha estrenado oficina de información en el célebre caserío. En una reciente reunión, y según apuntan ambos gobernantes, los vecinos de Masca apoyaron que se constituya una comisión de seguimiento de esta opción, si bien el consejero lamenta que hubiera muchas voces contrarias a controlar las bajadas.
Abreu, por su parte, cree que Teno está muy masificada, aunque se permitiría el paso a las 90 familias que trabajan en los tomateros y a buceadores y pescadores acreditados. Rodríguez critica que "todo el mundo se salte la prohibición de usar una vía que sufre desprendimientos, por lo que habría incluso que usar un vehículo lanzadera si se ponen guaguas".
Se haga pagar o no, está claro que estos paraísos tienen un precio: o la total libertad y la basura y el descontrol que censuran las administraciones, o una cuota por disfrutar de sus encantos.
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