EFE, Londres
Rafael Nadal sorteó el último trámite que le sitúa en su tercera final consecutiva en Wimbledon, despachando en tres sets (6-1, 7-6 (3) y 6-4) al alemán Rainer Schuettler para quedar frente a frente con el duelo anticipado: el suizo Roger Federer, que venció al ruso Marat Safin por 6-3, 7-6 (3) y 6-4, le espera mañana.
El derroche de calidad del número 2 del mundo dejó poco margen a la sorpresa. Hubo un primer set con diferencias cualitativas bochornosas; un segundo, en el que Schuettler varió la estrategia para golpear al mallorquín con más contundencia; y un tercero que finalmente corroboró la destreza del segundo favorito.
El arranque torpe del verdugo de Arnaud Clement contrastó con el poderío del manacorense. Schuettler lo pasaba mal ante un ciclón que encadenaba golpes ganadores -un total de 40-, mostraba una derecha descomunal y apenas le dejaba espacio para respirar.
Nadal fue inaccesible durante la primera manga. El mallorquín, que se ha metido por tercer año consecutivo en la final de este torneo, es el mejor Nadal en hierba. Lo repetía hoy en el All England Club Manolo Santana.
A cada latigazo que le asestaba el tenista balear -que sólo en el primer set rubricó 12 golpes ganadores-, su rival se despachaba a gusto con una retahíla de lo que parecían improperios en su lengua. Producto, claro, de la frustración.
Diferencias cualitativas espectaculares. Schuettler se comportó como el semifinalista improbable, como un invitado sorpresa a una cena en la que sólo disfrutaba del menú uno de los comensales.
El número 2 del mundo le castigó en todos los departamentos. Aprovechó cada una de las carencias técnicas que mostró el germano para romperle el servicio en el primer juego; para encadenar un segundo con un 40-0 y para quebrar de nuevo al verdugo de Santiano Ventura y de Guillermo García en esta edición en el tercero.
Hoy, las hermanas Venus y Serena Williams protagonizan la final femenina.
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