Criterios
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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Mal asunto

5/jul/08 01:39
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EL TURISMO ES EL SECTOR menos afectado por la actual vorágine económica. En el caso de Tenerife podemos decir que sus buenos resultados están soslayando un poco la debacle. El Cabildo, lejos de esa tontería de la marca única para todo el Archipiélago -¿son iguales las opciones de Tenerife y las de Lanzarote?-, realiza campañas inteligentes de la mano de su vicepresidente, José Manuel Bermúdez. No obstante, de poco sirven las promociones si luego a un par de turistas los asaltan a punta de navaja en el Pico del Inglés, y les roban el coche. Supongo que a quienes les cuenten la peripecia, una vez retornados a su lugar de origen, tendrán pocas ganas de venir a esta Isla por muchas fotos de paisajes hermosos que les enseñen. Y si lo hacen, no los veo dispuestos a recorrer por su cuenta y riesgo -nunca mejor dicho- las carreteras solitarias de Tenerife. Ya quedan pocas, ciertamente, pero continúan siendo las más bonitas.

Nadie pone en duda que la Policía y la Guardia Civil realizan perfectamente su trabajo. El otro día, sin ir más lejos, me interrogaron junto a un cámara de televisión cuando estábamos grabando unos trigales en La Esperanza. "Cuánto control", me dije para mis adentros. Y me sentí seguro. Esencialmente porque si dos agentes del Benemérito Instituto no tienen mejor tarea que hacer que indagar lo que está haciendo un periodista y un cameraman al borde de una carretera, sin que hubiese ningún edificio público, instalación militar ni "lugar sensible" alguno en varios kilómetros alrededor, cabe pensar que la isla de Tenerife ya es una especie de delegación del paraíso terrenal, donde todos somos buenos y nadie osa ni siquiera mirar feo al vecino. Pero no. Mientras dos agentes de la Guardia Civil se interesaban por el trabajo de un par de periodistas -nos preguntaron si estábamos grabando pájaros-, dos chorizos dejaban tirados como colillas a dos turistas, tras robarles el coche a punta de navaja. En definitiva, un periodista y un cámara eran sospechosos; dos individuos, presumiblemente de mala catadura, a la espera de la caída de la hoja para darle el día a dos guiris, no. Si esto no es el esperpento en su versión más sublime, que baje Dios y lo vea.

Claro que en un país con talante, más papista que el Papa -y también más memo que el bobo de las Ramblas-, molestar a un par de informadores no está mal visto. Al contrario. En cambio, identificar, por si acaso, a dos presumibles chorizos en un paraje turístico puede resultar complicado para los agentes. A poco que los lajas se sientan ofendidos y protesten, los guardias o policías pueden pasarlo bastante mal. Y sus mandos, también. Porque la culpa de estos disparates no la tiene la Policía Nacional, la Guardia Civil y las policías locales, sino los políticos que limitan su labor, no vaya a ser que cualquier organización de choleros con pancarta arme una batahola y los llame fascistas. O xenófobos racistas, que son expresiones muy de moda. Lo ocurrido con la Unipol santacrucera y un joven que se partió la cara él mismo cuando huía de los agentes, y luego los denunció por agresiones, es bastante significativo como ejemplo de este gigantesco sin sentido.

rpeyt@yahoo.es

 

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