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COMENTARIO DE EL DÍA

La inútil reforma del Estatuto

5/jul/08 01:39
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INDIFERENTES A LA CRÍTICA situación económica, que en el caso de Canarias supone un aumento alarmante del desempleo, el Gobierno autónomo dedica buena parte de sus esfuerzos a impulsar la reforma del Estatuto de Autonomía. Un afán por tener un nuevo marco legal que no incluye corregir los tres disparates denigrantes para Tenerife, como son la mentira del "gran" para Canaria, la enumeración siguiendo el orden alfabético que sitúa a nuestra isla en último lugar -cuando por su tamaño e importancia debería ocupar el primero-, y la consolidación de un escudo falso ya que, al contrario que en el tradicional, se iguala a Tenerife en tamaño con las demás islas.

No parece que ninguno de estos tres errores vayan a ser corregidos. Lo cual nos hace pensar que el Gobierno, presidido en estos momentos por un tinerfeño, tiene miedo de enfrentarse a la desfachatez canariona. Mientras los políticos de la isla tercera barren para su casa sin la menor vergüenza, los tinerfeños se mueven encorvados bajo el peso de un temor absurdo. ¿Les quita el sueño que en la isla redonda les pongan mala cara? Parece que sí. De lo contrario no se entiende una traición tan torpe a su isla. Decimos torpe porque el pueblo no olvida. Tenga esto en cuenta, don Paulino. Y también usted, doña Ana Oramas; y todos los alcaldes y cargos públicos de la maltratada tierra tinerfeña.

La persistencia de estos desmanes y disparates nos reafirma en la idea de que necesitamos la soberanía plena. Sólo libres del yugo de la Metrópoli, y organizados como un país libre, podremos los canarios vivir en armonía entre nosotros y con el resto del mundo, incluida España pues no somos rencorosos. En ese orden interno ninguna isla estaría por encima de las otras. Tenerife, la más grande de todas, albergaría la capital como la tenía en el pasado, antes de que políticos canariones se valieran de su amistad con el dictador Primo de Rivera para dividir el Archipiélago en dos. Un hecho que le proporcionó a Las Palmas dos ventajas: la primera, robarnos una cuota considerable de protagonismo; la segunda, debilitar la unidad moral de Canarias para que Madrid pudiera mantener su colonia con más comodidad. Esa es la razón de que los dos principales partidos españoles, así como la Delegación del Gobierno de España, estén en esa triste ciudad, condenada a permanecer siempre bajo una funesta panza de burro. Triste condición que han intentado borrar -el canarión, además de rapaz, es atrevido- pagando a un supuesto experto extranjero para que dijera que tienen el mejor clima del mundo. Qué osadía.

Nada se puede esperar de los canariones. No perdemos la esperanza, en cambio, de que este Gobierno recapacite e introduzca en el Estatuto de Autonomía la única reforma sensata: un artículo único que establezca el inevitable periodo de transición hacia la soberanía.

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