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CARLOS ACOSTA GARCÍA

De profesión, mis ignorancias (Núm. 246)

5/jul/08 01:40
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En este artículo, escrito con premura porque me atosiga el paso imparable del tiempo, quiero dejar patente una duda que siempre me ha acompañado y de la que no he podido zafarme a pesar de que lo intenté muchas veces. No sé si los guanches fueron únicamente los primitivos pobladores de Tenerife o si tal gentilicio debe ser aplicado también a quienes habitaron en tiempos remotos todas las islas del Archipiélago.

A nadie debe sorprender, de todos modos, que yo me encuentre, a estas alturas, en semejante situación, porque lo mismo parece haberles ocurrido a varios historiadores de prestigio. A lo largo de mi vida he leído trabajos de investigación histórica salidos de la pluma de Fray Alonso de Espinosa, Abreu y Galindo, Antonio de Viana, Leonardo Torriani, Núñez de la Peña, Rodríguez Moure... y otros más recientes, como Serra Ráfols, Álvarez Delgado, De la Rosa Olivera... Pero no he visto unanimidad.

Si traigo hoy aquí este comentario -que algunos consideran baladí, aunque a mí no me lo parece- es porque, hace unos días, al hurgar en el DRAE para ver si encontraba la palabra guaydil (que, por cierto, no figura, amigo Ismael) me encontré la voz guanche y, por curiosidad, leí su contenido. Lo copio ahora al pie de la letra: "Adj. Se dice del individuo perteneciente a la raza que poblaba las islas Canarias al tiempo de la conquista. Ú.t.c.s.// 2. Perteneciente o relativo a los guanches.// 3. m. Lengua que hablaban los guanches".

Como no aparece allí el nombre de Tenerife, inicié la búsqueda en el diccionario de canarismos de mi amigo el profesor Antonio Lorenzo, en el que encuentro estas palabras, entre otras: l"Individuo del pueblo que habitaba la Isla de Tenerife al tiempo de la conquista. // Individuo del pueblo que habitaba las Islas Canarias al tiempo de la conquista//".

Voy a otro diccionario: el del catedrático de Lengua Española de nuestra Universidad don Marcial Morera y, con abundancia de ejemplos y citas, habla también de Canarias en general y de Tenerife en particular. De donde extraigo la cómoda conclusión de que quien no se consuela es porque no quiere.

Pero... -lo que son las cosas- pronto me olvidé completamente del asunto de los guanches para ocuparme seguidamente de un modo de expresión que se me había presentado. Me refiero a estas cinco palabras: "al tiempo de la conquista". Lo curioso es que no sólo han sido empleadas por la Academia en su diccionario de 2001, sino por los dos profesores canarios citados, uno en 1994 y otro en 2001, respectivamente. No se me ocurre pensar -¡líbreme Dios de tal osadía!- que hay algún error al ser expuestas tales palabras. Lo que quiero decir es que yo me he expresado siempre de otro modo en situación similar. Yo hubiera escrito, por ejemplo, "en tiempos de", "a la hora de", "mientras se llevaba a cabo", "durante", "en los momentos de"... Pero decir "al tiempo" no se me había ocurrido.

¿Qué pienso ahora? Lo de siempre: que nunca es tarde para aprender. Sobre todo yo, que sigo como ayer, como anteayer, como hace cincuenta años, en que he llegado tarde -si llegaba- al conocimiento de muchos, muchísimos detalles, no sólo de Lengua sino también de Historia.

-No es eso, tío; lo que ocurre es que tú eres demasiado... no diré meticuloso, lo cual estaría bien, sino pijotero. De un granito de arena haces una montaña, como te ha dicho muchas veces don Pepe.

-¿Por qué te empeñas en decir pijotero, Lolo? Es una palabra horrible.

-Pero la admite la Academia. Ya sé que a ti no te gusta, pero los académicos están para algo. Ellos son los que entienden de estas cosas.

Lo cierto es que sigo sin saber lo de los guanches. Y me quedo preocupado. Tanto, que hasta Lolo se ha dado cuenta y, como si quisiera animarme, me cambia la conversación:

-Dime una cosa, tío: ¿Por qué no se suprime ya de una vez la letra hache, que nada está pintando en el idioma?

-¿Cómo puedes preguntar esa majadería, sobrino? No se nota en el habla, de acuerdo, pero en la escritura...

-Creo que tampoco, Para mí es un cero a la izquierda.

-Podría citarte varios ejemplos que demuestran lo contrario; pero bastará con éste, que es doble: "Yo haré lo que pueda. Yo aré lo que pude". Notarás que en la primera parte de la oración se emplea el verbo hacer, pero en la segunda el verbo es arar. ¿Te has dado cuenta?

Lolo pone los ojos como platos y se queda mudo. Yo, en la luna, porque sigo sin saber lo de los guanches.

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