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Ingrid no sabe qué hará en el futuro, además de luchar por otros rehenes

"Esta libertad me llega de golpe y estoy todavía bajo la anestesia del shock", dijo en Bogotá, donde ayer se reunió con sus hijos, Mélanie y Lorenzo. La ex candidata a la Presidencia de Colombia, de 46 años, llegará hoy por la tarde a París, donde será recibida por el presidente francés, Nicolas Sarkozy.
4/jul/08 01:49
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EFE, París

La colombo-francesa Ingrid Betancourt, liberada ayer tras casi seis años y medio en manos de las FARC, no sabe qué hará en el futuro, más allá de su compromiso "absoluto" de luchar por la liberación de sus compañeros de cautiverio. "Esta libertad me llega de golpe y estoy todavía bajo la anestesia del shock", dijo la ex rehén en la televisión France 2 desde Bogotá, donde ayer se reunió con sus hijos, Mélanie y Lorenzo.

"No sé que haré en el futuro. Me había programado para cuatro años más en la selva", donde recibió un trato que "no era para un ser humano" ni para "un animal", explicó Betancourt.

La ex candidata a la Presidencia de Colombia, de 46 años, fue liberada el miércoles junto a otros 14 rehenes en una operación del Ejército colombiano y llegará hoy por la tarde a París, donde será recibida por el presidente francés, Nicolas Sarkozy.

Preguntada sobre si se instalará en Francia o en Colombia, indicó que "lo ideal" sería tener "el don de la ubicuidad, poder estar en Francia y en Colombia", antes de reconocer que "no es posible". "No sé qué haré. ¿Me quedaré en Colombia? Quizás. Iré a Francia seguramente también a menudo".

De momento, quiere estar "un poco" en Francia y volver a Colombia, y luego tomar decisiones "en función de las necesidades" de sus hijos y de su madre, Yolanda Pulecio. Lo primero que quiere hacer, una vez terminen las ceremonias y actos de bienvenida, es irse unos días con sus hijos y "estar sola con ellos. Estar en familia, en la felicidad absoluta".

A preguntas sobre si la energía de que hace gala, pese al calvario sufrido, la llevará a volver a tener un papel público de primer plano, dijo que su compromiso personal de luchar por la liberación de los rehenes que siguen en la selva es "absoluto", aunque no sabe "cómo hacerlo".

Quiere luchar por todos aquellos en el mundo que sufren estas situaciones de secuestro, "crear cadenas, movimientos, llegar a corazones", explicó.

A los interrogantes sobre si estará en la política o participará en elecciones, dijo que "en este momento" no tiene respuesta.

Repetiría su decisión

Aunque lamentará toda su vida el dolor que ha causado a su familia con su secuestro, dijo que si volviera a estar confrontada a una situación frente a sus principios, y a lo que cree "importante en la vida", piensa que repetiría la decisión que tomó aquel fatídico día de febrero de 2002.

Betancourt fue secuestrada por la guerrilla cuando acudía a una localidad cuyos habitantes le habían pedido apoyo y pensaban que ella podía ser un "escudo" frente a represalias.

Al describir las condiciones de su secuestro, dijo que "no era un trato que se puede dar a un ser vivo. Sólo había crueldad, arbitrariedad y maldad". Explicó que sintió a veces "espasmos de odio" contra sus secuestradores, pero los combatió porque pensaba que una vez libre, quería ser "libre del todo" y en particular "libre de odio y venganza", que son "actitudes que te hacen esclavo".

Espera que las FARC "rectifiquen" y dijo que son "una organización que ya no representa nada en Colombia, nada bueno, ni respetable". "Tengo esperanzas de que lo que ocurrió haga que muchas personas que militan ahora en las filas de las FARC cambien de comportamiento", dijo Betancourt.

Preguntada sobre los problemas de salud que sufrió en su cautiverio, dijo que llegó a una situación "crítica" en la que no podía alimentarse ni moverse y le costaba beber.

Las FARC le denegaban medicamentos, pero tuvo la suerte de contar con la "ayuda y solidaridad" de un compañero de infortunio, enfermero, que la cuidó.

Llegó a un punto en que entendió que "la muerte era una posibilidad": "En la selva la muerte llega de repente, por la noche. Dado el estado de mi cuerpo, pensé que era una opción. Hice un esfuerzo espiritual de ponerme en paz conmigo misma y con Dios y aceptar esa posibilidad", manifestó.

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