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SUPERCONFIDENCIAL ANDRÉS CHAVES

El Simca 1.000

4/jul/08 01:48
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1.- Creo que he contado alguna vez que aprendí a conducir en un Simca 1.000. Bueno, era el coche de la época; de los años sesenta. Tenía el motor atrás. La matrícula era TF 22.434. Los sillones, azules. El coche, azul marino. Las ruedas de atrás se abrían para que el vehículo se pegara mejor al asfalto. La avería más común era la rotura del cable del acelerador, puede que de las fundidas que le daba por esas viejas vías de la Isla. Resistió mucho. Se trataba del modelo francés, que luego fabricó en España la firma Barreriros, pero con el nombre de Simca 900. Hubo una canción que hablaba de cómo hacer el amor en un Simca 1.000, que fue muy popular entre los jóvenes de la época y que ha trascendido a todas las épocas. Ahora no me acuerdo qué grupos la cantaban.

2.- Creo que mi buen amigo Pepe López me ha encargado la reproducción de uno de estos vehículos, en alambre. O sea, uno de aquellos famosos coches de verga de nuestra época, que tenían la "transmisión" de caña y el volante igualmente de verga. Las ruedas se fabricaban con restos de cauchos de camiones. La verdad, en los 60 era perfectamente posible hacer el amor en un Simca 1.000. La palanca de frenos se te metía en los riñores y la espalda cogía forma de volante y los sillones se abatían a medias y aquello era un verdadero desastre. El coche siempre fue un hogar recurrente para los jóvenes y un apartamento romántico para las parejitas de enamorados. Los viejos resortes de sus rudimentarios sillones quedaban maltrechos por el ejercicio amoroso. Pero todo valía con tal de conseguir lo que era, entonces, casi imposible.

3.- Este puede ser un homenaje al coche, en su versión reproductora, en el chasis romántico del Simca 1.000. Aún se pueden conseguir algunos modelos, impecables, en internet. Ese coche, luego destinado a rallies y a otras competiciones, dio mucho de sí. Mi padre tuvo dos, el segundo en su modelo más avanzado, el 1.100. Un Simca 1.000 costaba, en 1964, 150.000 pesetas; de fábrica. Se compraba a plazos, en Hernández Hermanos. Se vendieron como roscos. Al subir la autopista Santa Cruz-La Laguna, en verano, se calentaban. Funcionaban con radiador, no con circuito cerrado. ¿Se hace todavía el amor en un Simca 1.000? Para mí no miren.

achaves@radioranilla.com

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