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EDUCACIÓN, FAMILIA Y SENSATEZ FRANCISCO-M. GONZÁLEZ *

La fiebre de la prisa por vivir

4/jul/08 01:48
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Se ha definido la sociedad actual como "la sociedad del ocio". Las modernas investigaciones y avances tecnológicos han revolucionado de tal manera las formas de vida, que hoy se extiende la creencia de que los medios técnicos van a suplir o están supliendo el trabajo del hombre y de la mujer (para que nadie se ofenda) y va a quedar más tiempo para el ocio, relax o disfrute de la vida. Pero lo cierto es que en vez de ser así, parece que cada vez se trabaja más. En un matrimonio, hoy es normal que el marido y la mujer trabajen los dos fuera de casa, porque la vida no está nada fácil (nunca lo estuvo). Más bien habría que decir que se crean demasiadas necesidades, en una sociedad que, por otro lado, le llaman del bienestar, pero donde el paro crece día a día, los precios se ponen por las nubes y los sueldos por el suelo. "Hemos" ganado la Eurocopa y, con tal motivo, casi todos los entrevistados en la radio decían: "estamos en crisis pero contentos -aunque el Gobierno se empeñe en lo contrario-; somos campeones"; "hoy, vamos a disfrutarlo; mañana, veremos lo de la hipoteca, la subida de la luz y el precio de los cebollinos"? Esto me recuerda una época, en la que yo era joven y, en determinados días, ponían en la televisión por la tarde una corrida de toros con El Cordobés; y, por la noche, un partido de fútbol, generalmente Real Madrid-Club de Fútbol Barcelona -entonces no era el Barça-, con frecuencia arbitrado por el mítico Ortiz de Mendívil, lo que hacía que el resultado fuera más previsible.

En la época que nos ha tocado vivir, del ocio, del bienestar, del progreso, de la multiplicación de las cosas de usar y tirar? ¿se trabaja más, se mueve uno más o se hace más ruido? El otro día me encontré con un conocido por las Ramblas, iba "a toda pastilla", un tanto agobiado no sabía muy bien a dónde quería ir; me dijo que tenía mucha prisa, mucho trabajo, que estaba estresado, lo que se le notaba. Me pareció lo más elemental invitarle a descansar unos minutos y a tomar un café o una tila. En un principio, aceptó encantado, pero al instante le sonó el móvil; y como el teléfono siempre tiene prioridad sobre cualquier otra tarea, se puso a hablar -que sería de la vida sin móvil- allí, en la acera, de pie, en medio de aquel barullo de gente, ruido de coches, la sirenas de ambulancias, de un coche de bomberos, atascado en la plaza de La Paz, los de la policía local motorizada y a toda velocidad. Y el tranvía que pasa raudo y majestuoso, dirección "intercambiador"; esto es normal en Santa Cruz un día de trabajo. A mí me divierte esta movida, porque le da cierto encanto a la ciudad.

Cuando terminó de hablar por el móvil, casi me había olvidado de él, congestionado y medio angustiado, me dijo: "bueno, adiós, perdona, me tengo que marchar", y se marchó a la misma velocidad con que había aparecido, "a toda pastilla". Respiré hondo, y decidí sentarme, pedí un café y un vaso de agua con gas, y, antes de abrir el periódico, me vino a la cabeza lo acertado del adagio: "sin orden no hay eficacia", pero tampoco descanso, sosiego, ni alegría: ¡No se vive!

Contemplé a la gente que pasaba, casi todos a un ritmo acelerado, como si tuvieran fiebre. "La fiebre de la prisa por vivir", título de un libro del profesor Gerardo Castillo, en el que hace referencia a esa característica típica de los adolescentes y da pautas para su educación. Pero la mayoría de los que yo veía pasar no eran ni adolescentes (no me da la gana decir y "ni adolescentas"), sino gentes de distintas edades que van por la vida, sin vivir, asfixiados, con prisa, con ansiedad, con preocupación por no llegar a tiempo; quizá no tengan fiebre como «fenómeno patológico que se manifiesta por la elevación de la temperatura normal del cuerpo, de la frecuencia de las pulsaciones y del ritmo de la respiración». En sentido figurado, dice el Diccionario de la Lengua, la fiebre es una "viva y ardorosa agitación producida por una causa moral en cualquier actividad". También es ansia desmedida de dinero y de poder, que ofusca la razón. Se habla en este sentido de la fiebre del oro, de la fiebre de los negocios. Yo añadiría: la fiebre por el dinero, la fiebre por el éxito? la fiebre desmedida por ser feliz.

La «prisa por vivir» se ha convertido hoy, para muchas personas jóvenes y no tan jóvenes, en esa fiebre: un deseo palpitante o un ansia sin límites, nada fácil de saciar, porque no se sabe ¿qué se desea o qué se ansía? Tal vez es porque no han descubierto que querer y amar exige sosiego, requiere tiempo, no quemar etapas... Porque el amor y, en definitiva, la felicidad es incompatible con la precipitación, con la prisa o con el caos. Por eso, cuando logramos detenernos, reflexionar, ordenar nuestro interior, y hasta rezar -mirar inteligentemente con los ojos del corazón dentro de nosotros mismos- podemos encontrar lo que es esencial o secundario para nosotros, lo que de verdad importa. En definitiva, lo que en realidad da sentido a nuestra vida, aunque nos trascienda, pero nos da ese "no sé qué", que es amor y que da paz, y que, con toda claridad, identificamos con nuestra felicidad.

* Orientador Familiar

fmgszy@terra.es

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