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JORGE ROJAS HERNÁNDEZ

Acuíferos

4/jul/08 01:48
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RESULTA encomiable la labor que realizan todas las instituciones públicas en aras de conseguir un ahorro en la utilización del agua, como lamentable resulta también el poco caso que los receptores de sus mensajes -que somos todos nosotros, no lo olvidemos- hacemos a sus recomendaciones. Ni siquiera se siguen tras un invierno sin lluvias, casi sin nevadas, y a las puertas de un verano que muchos vaticinan ya como el peor en muchos años; consecuencias del cambio climático.

Vivimos la época de los 'estudios'. Siempre que se plantea un problema se crea una comisión para que lo analice -tomemos a broma la frase tan común: si quieres que un problema continúe siéndolo, propón la creación de una comisión- y llegue a las conclusiones pertinentes, pero está claro que en casos como éste que trato, no hacen falta comisiones de ningún tipo. La única forma descubierta para que una fuente no se agote es gastar menos que lo que produce, y ante la certeza de que algún día se agotará poner en marcha los medios necesarios para descubrir otros recursos. Es el caso del petróleo. Llegará un día que este combustible que ha sido primordial para el avance de la humanidad se agote. Es cierto que aún se siguen descubriendo nuevos pozos y que el vasto océano ofrece todavía un subsuelo inexplorado, pero pasen cien, doscientos años, lo cierto es que un día la extracción cesará; o resultará inviable debido al coste. Por eso los gobiernos y las compañías privadas redoblan sus esfuerzos para conseguir otras fuentes de energía alternativas, con el alentador resultado que han supuesto, valgan como ejemplo, las eólica, solar, fotovoltaica o termonuclear. Se trabaja incluso en la posible descomposición del agua de mar para aprovechar el hidrógeno como no contaminante e inagotable fuente de energía, y estoy seguro de que algún día se logrará, si bien su utilización no será posible hasta que se agoten las fuentes tradicionales: no lo permitirán las compañías interesadas en el asunto, tal y como creo haber dejado claro en una de mis novelas, "El último nazi".

Pero el tema del agua es diferente. Sin agua no habría vida, y está claro que no tiene sustituta. Ciertamente se han hecho estudios para lograr su máximo aprovechamiento -presas y embalses, desalación del mar, barreras para explotar la humedad de las nieblas, utilización para el riego de las aguas fecales depuradas?-, pero nada de esto servirá si no tenemos en cuenta lo que antes dije: para que una fuente no se agote es necesario gastar menos que lo que produce. Pero ante la situación de despilfarro que todos protagonizamos, ¿qué hacer para concienciar a los ciudadanos, viviendo como vivimos en una isla, de que la situación, si no cambiamos nuestras costumbres, se tornará verdaderamente dramática dentro de no muchos años? No soy técnico en la materia y para eso existe el Consejo Insular de Aguas -que, me consta, está realizando una gran -, pero sí tengo claro las cosas que NO deberían permitirse, como son la construcción de nuevos campos de golf o la utilización de agua no reciclada en el riego de parques y jardines.

Esto último que he señalado se refiere a las administraciones públicas, mas no resolvería la adopción de estas medidas el problema con que nos enfrentamos pues éste reside en la ciudadanía. En este sentido todos actuamos con una ligereza tremenda, haciendo caso omiso de las recomendaciones que nos recuerdan lo que supone el gasto de agua de una cisterna estropeada, o el goteo de un grifo, o el derroche de una ducha que no se cierra mientras su usuario se enjabona, etc. Como éstas citadas, son numerosas las situaciones que se producen ante nuestra total indiferencia, que si se mencionasen a la persona implicada con toda seguridad se limitaría a encogerse de hombros. Resulta en consecuencia indispensable que los organismos implicados en el asunto adopten las medidas necesarias para impedir que las consecuencias de nuestra negligencia nos hagan pagar en el futuro un precio muy alto.

Hace algún tiempo, en un artículo publicado en este mismo periódico, mencionaba los problemas que la carestía del petróleo estaba ocasionando. Decía entonces algo que muchos comentaristas, en todos los medios de comunicación, resaltaban: la conveniencia de utilizar los transportes públicos y la necesidad de que los vehículos, como vemos cada día en las carreteras de la isla, no circulasen sólo con su conductor. Si estas medidas las pusiésemos en práctica, estoy seguro de que el ahorro en combustible sería muy importante. Pues bien, siguiendo la misma pauta, a mí me parecería una buena medida -y que nadie se alarme- cortar el suministro del agua a determinadas horas y en todos los barrios. Ya se ocuparía la gente en este caso de no despilfarrar el líquido elemento, duchándose con más rapidez, no regando excesivamente los jardines, no lavando los coches con manguera, etc. La medida, por supuesto, sería impopular, pero haría que los ciudadanos nos responsabilizásemos de nuestras obligaciones. Siempre decimos "es sólo una gota", olvidándonos de que muchas gotas a la larga suponen cantidades importantes. Se decía antes que la letra con sangre entra. No hará falta decir que no estoy de acuerdo con ese tipo de enseñanza, mas sí en la utilización de medidas coercitivas cuando la situación lo requiere. En la actualidad, más en el futuro habida cuenta lo que el cambio climático nos depara, estimo indispensable que nuestras autoridades actúen con mano dura a fin de asegurarnos cierto bienestar en lo que al agua se refiere. No olvidemos que los acuíferos, si no se reponen, llegarán a agotarse, y que está en nuestras manos que esto no se produzca.

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