UN TANTO ESCONDIDA por la euforia de los triunfos futbolísticos hispanos -tanto en la semifinal contra Rusia como en el definitivo partido contra Alemania-, un periódico nacional publicaba los resultados de una encuesta bastante favorable para Zapatero y muy demoledora para Rajoy. El hecho de que tal rotativo se destaque por su apoyo habitual a las ideas del PP, así como las críticas al PSOE, le dan al asunto un toque añadido de gravedad para los intereses de la derecha española.
De forma concreta, los encuestados consideran -o consideraban en el momento del sondeo- que José Luis Rodríguez Zapatero es bastante más honrado que Mariano Rajoy, bastante más competente, tiene mejor capacidad de liderazgo y se preocupa más de la gente. No discuto su honradez, su habilidad de para mandar y la preocupación por el común de los mortales. Si en el asunto de la capacidad de liderazgo empezamos por analizar las facultades para dirigir su propio partido, queda poco margen a la hora de optar entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición. Más bien, ninguno. La honradez, como el valor cuando el servicio militar era obligatorio, se le supone a todo el mundo; al menos hasta que una sentencia firme diga lo contrario.
La competencia, en cambio, es harina de otro costal. Basta mirar las cifras de paro, el aumento de la inflación, la carestía del dinero, el hundimiento de sectores que han mantenido durante década y media nuestra economía burbuja -hablo de empresas constructoras e inmobiliarias- y un pesimismo generalizado en todos los demás, para hacernos una idea de que este Gobierno tendrá mucho talante y esas cosas, pero de competencia anda justito. Incluso si retomamos el tema de la honradez, sería discutible hasta qué punto es decente ocultarle la crisis a los ciudadanos antes de las elecciones y decir ahora, como acaba de hacerlo Pedro Solbes, que lo peor está por llegar. Aunque como el arte de la guerra es el arte del engaño, dejémoslo ahí.
La competencia del Ejecutivo de Zapatero queda también en entredicho si hablamos de temas ajenos a la economía. La fractura social del país es enorme, el entendimiento entre los dos grandes partidos casi nulo y la desconfianza de los españoles en las instituciones del Estado roza el cero absoluto. No sé si de todo esto es responsable Zapatero o el doctor Fuman Chu, aunque es el señor de la sonrisa, y no el malvado personaje del celuloide, quien gobierna actualmente en España.
Lo curioso de la encuesta citada, empero, no son estos detalles -por cierto, nada baladíes-, sino la percepción que tiene la gente de la situación; o de los líderes, para ser precisos. Cunde la certeza de que los votantes, y no sólo los votantes socialistas, creen en lo que dice Zapatero aunque mienta, mientras que consideran mendaz a Rajoy aunque diga la verdad. Y ahí está la madre del cordero: el de León vale como líder; el gallego no, aunque gane congresos internos. En definitiva, o cambian mucho las cosas, o tenemos talante para bastante tiempo.
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