CONTRADICCIONES, perplejidades y disparates conceptuales parecen ser la tónica de la cuestión que más que aclarar dificultan y entorpecen la justificación de la ideología, que no sentimiento, nacionalista. Tal es así, que teóricos de este fenómeno sociopolítico llegan a manifestar el caos terminológico existente "en un mundo en que la nación se confunde con el Estado, el Estado nacional con el Estado multinacional, el nacionalismo con la lealtad al Estado y el parroquialismo y el subnacionalismo se confunde con la lealtad a la nación; el caos es evidente".
Detractores de la ideología y que les molesta desde su intelectualidad encorsetada tratan al nacionalismo de forma deplorable y lo consideran que no constituye resultado alguno que vaya en pro de despertar la autoconciencia de las naciones, sino que simplemente inventa las naciones allá donde no existen. Otros por el contrario, dicen que la construcción de las naciones ha constituido en buena parte la respuesta a problemas políticos y el resultado de la búsqueda de soluciones pragmáticas a cuestiones territoriales y culturales.
Existe el nacionalismo por errores cometidos a lo largo de la historia de los pueblos. La voracidad de un momento determinado en el que unos subsumiendo a otros ha hecho que se fuera elaborando una contestación en aras de que, tras el esfuerzo de su gente, se situara a los territorios en el lugar que les corresponde. Existe el nacionalismo porque la diferencia es el sustrato más importante que define y da cuerpo a una ideología. La diferencia entre un socialista y un conservador es evidente. La diferencia entre una nacionalista y el que no lo es, igual. Se es diferente por la propia esencia de un pueblo; por los condicionantes políticos de un determinado territorio. Y más que nada se es diferente por la cultura, y por tener claro que aquello que incide en la formación de su personalidad se intenta estrangular y se desea, tras una culturización programada, evaporar y disolver. Se es diferente porque unos mandan, dictan y viven, mientras otros están para obedecer, copiar los dictados y sobrevivir.
Existe el nacionalismo porque se tiene en cuenta la diferencia entre lo que él encierra y el regionalismo. El regionalismo representa un criterio de organización de los intereses sobre bases territoriales. El nacionalismo es algo más que eso. Su razón de ser, su esencia mas íntima, se basa en una identidad que en muchos hay que rescatar y en una colectividad que sustenta elementos culturales comunes y un decidido compromiso de pertenecer a una colectividad. El regionalismo y el nacionalismo obedecen a criterios distintos. El regionalismo transita hacia la eficacia administrativa, mientras que el nacionalismo acude y va hacia un objetivo concreto, que es garantizar la lógica de la diferencia.
Y los errores. Que son los que han determinado nuevos mapas, nuevos compromisos y componendas entre territorios. Se sabe que los cruces entre los diferentes pueblos en este mundo globalizado han propiciado que las fronteras físicas se hayan diluido, pero no así las culturales. Las culturales cuando se tiene la fuerza suficiente para escapar de la quema y de todo este marasmo uniformista e impersonal, las colectividades pretenden vivir como pueblos diferenciados que son. Ya no es estar subsumido, ya no es estar mediatizados, es empezar a dibujar en la mente nuevos rumbos , nuevos objetivos que se zafen del gran Estado, del magnánimo gobierno.
Existe el nacionalismo por pura necesidad existencial. Y no lo decimos desde la puridad o desde la entelequia o, tal vez, desde la ensoñación de una esperanza fallida, no; es esa necesidad la que obliga o debe obligar a las personas a repensarse y situarse en el espacio personal primero y colectivo después.
Y desde ahí hacer las preguntas, muchas, que deben tener respuesta, que deben acercarse desde otras instancias, que deben ser justas, adecuadas a los tiempos, a este. Con esas respuestas la pregunta se hará grande, se ampliará para construir la conciencia colectiva nacional que es el fundamento, la mejor razón de ser, la que da conceptualización, la que en el mundo de las ideas pertenece al nacionalismo.
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