COLPISA/EFE, Madrid
Lo nunca visto. Madrid se desbordó para homenajear a los campeones de Europa. Cientos de miles de aficionados, cerca de un millón de personas, según algunas fuentes, se echaron ayer a la calle, en una jornada apoteósica. La marea roja invadió la capital para festejar con la selección española, en otra tarde-noche de locura colectiva, la Eurocopa conquistada el domingo en Viena. La afición colapsó las calles de Madrid para vivir junto a sus héroes un día inolvidable. Fue la mayor manifestación deportiva jamás vivida. Las fiestas de las Copas de Europa del Real Madrid se quedaron cortas en comparación con el recibimiento a la selección. Una explosión de alegría y colorido rojo y gualda llenó la capital para celebrar un título que España no ganaba desde hace 44 años. El "We are the champions" y el "¡Campeones!" volvieron a retumbar en la Plaza de Colón, donde al grito de "¡a por ellos!", y con cánticos a favor de Luis, futbolistas y aficionados vivieron una fiesta memorable.
Al igual que ocurrió la noche anterior sobre el Prater de Viena minutos después de conquistar el título, los jugadores mantearon a Luis Aragonés, esta vez en Colón, justo antes de rendir su particular homenaje a Genaro Borrás, el médico de la selección fallecido hace un mes y medio. "Va por ti Genaro", rezaba la pancarta desplegada por los futbolistas, quienes también dieron un gran espectáculo sobre el escenario, con el portero Reina como principal protagonista. No faltó el "Que viva España" cantado por Manolo Escobar, con los jugadores cantando y alguno de ellos dando palmas, entre ellos, Casillas, que también un detalle especial con Luis Aragonés. "Esta Eurocopa es vuestra, y hay una persona que nos ha llevado hasta donde estamos, que es Luis Aragonés", gritó Casillas, animando a la afición a corear el nombre del seleccionador.
"La Copa de Europa la ha ganado un equipo, y para vosotros, para todos los que estáis aquí. Tengo el mejor equipo del mundo. Así me lo han demostrado", gritó por su parte el veterano técnico a una muchedumbre que era víctima del delirio y las alucinaciones.
Precisamente, Luis Aragonés y Casillas ya quisieron demostrar la unión del equipo cuando salieron juntos del avión que les trasladó de Innsbruck a Madrid con la copa, que ambos levantaron al aire nada más pisar la escalerilla. Primero el seleccionador. Después, el capitán, ataviado con una camiseta amarilla, el mismo color que llevaban los otros dos porteros, Reina y Palop. El resto de jugadores llevaban las camisetas rojas oficiales, y tras posar para las fotos a pie de pista, mientras los trabajadores de Barajas ondeaban banderas españolas y jaleaban su nombre, se dirigieron al autobús descapotable con la leyenda "España siempre". Venían de cantar en el avión el "Yo soy el español" y gritar "¡Luis, renovación!" y "¡Míster, quédate!". "Estoy tan lleno que ahora estoy un poco emocionado", reconocía entonces Luis Aragonés, que no quiso ser protagonista en el aeropuerto y prefirió quedarse fuera de la fotografía de los jugadores.
Tras abandonar el avión en el que destacaba la palabra "Campeones", no tardaron en subir al autocar, pero allí arriba sí que pasaron varios minutos antes de partir, porque ante tanto calor, los futbolistas decidieron recuperarse con un refrigerio. La mayoría, con "coca colas". Algunos, con cerveza. Los cubitos de hielo, las latas y el trofeo de campeones pasaban de mano en mano mientras Villa, con una cinta roja en la cabeza y muchas ganas de juerga, animaba micrófono en mano. Fueron los momentos de particular "botellón" de los jóvenes futbolistas. Por fin arrancó el autobús en dirección al centro de Madrid por la A-2, donde cientos de personas poblaban los pasos elevados y llegaron a detenerse los automóviles que iban en sentido contrario para ver pasar a los futbolistas. Incluso varias personas llegaron a aparcar sus coches en el arcén y bajarse para saludar a los jugadores y vivir con intensidad el momento.
Los entusiastas aficionados se agolpaban a ambos lados de la carretera, y los jugadores estaban alucinados con el espectáculo que estaban viviendo en la carretera. Decenas de motos iban también tras su autobús, escoltado por seis furgones policiales. Durante el trayecto, el defensa sevillano Sergio Ramos, con una bandera de Andalucía, se puso la camiseta en homenaje a Antonio Puerta, la que se colocó tras la victoria en la final, y Torres sacó una bandera de España con el escudo del Atlético de Madrid. Los campeones no dejaban de saludar a los seguidores, algunos de ellos pegados hasta en la mediana de la A-2 para tener más cerca aún a sus ídolos. Hubiesen querido estrechar sus manos durante su lento recorrido. Al cruzar el primer luminoso destinado a las incidencias de tráfico, fueron recibidos con un merecido "Felicidades campeones".
Les quedaban unos pocos metros para ver lo mejor y ser sorprendidos por un reguero de seguidores que ataviados con camisetas rojas que enarbolaban banderas de España, muchas de ellas con el toro. En su camino por María de Molina camino de la Castellana, la gente esperaba sentada en las aceras, en las plazoletas, mientras Luis Aragonés, con otra bandera española en las manos, correspondía con aplausos y los futbolistas se pasaban el trofeo para ofrecérselo a la afición. Las jovencitas corrían enloquecidas tras los jugadores. "Calle de la madre que parió a Casillas", llevaba una de ellas.
Sentado en lo más alto de la parte frontal del autocar iba el guardameta, y tras él, Ramos. Al otro lado, Torres, otro de los más aclamados. La afición gritaba: "¡Que bote Luis! ¡Que bote Luis!". Y el seleccionador botó. Reina, calificado como "el más cachondo de la selección" por el "speaker", llevaba el peso de la fiesta en ese autobús que se presentó en la Plaza de Colón, el epicentro de la Eurocopa, a las ocho y cuarto de la noche, cuando su avión había despegado de Innsbruck, con media hora de retraso (16:30).
El cansancio, sin embargo, no existía en este momento en la mente de los jugadores. Al contrario. Nada más presentarse en Colón comenzaron a saltar y bailar, disfrutando más que la noche anterior sobre el césped de Viena en el que sometieron a Alemania.
También bailaba Luis, contagiado por unos jugadores que se resistían a bajar del autocar. Al fin lo hicieron, para subir a un escenario en el que se vivieron escenas únicas, con Reina de improvisado y genial "speaker", dejándose la voz ante una afición, formada por mayoría de gente que no había nacido en 1964, que se volvió loca con sus nuevos ídolos.
Para esta mañana está previsto que Los Reyes y los Príncipes de Asturias reciban en el Palacio de la Zarzuela a la selección.
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