BENJAMÍN REYES, Tenerife
Juan Luis Galiardo (Cádiz, 1940) se encuentra en Tenerife para promocionar "Humo", el montaje teatral que protagoniza junto a Kiti Manver y que se escenificará los días 4 y 5 de julio en el capitalino teatro Guimerá. Con su habitual labia, el actor gaditano presentó ayer en rueda de prensa la obra dirigida por Juan Carlos Rubio, que obtuvo el Premio de la Sociedad General de Autores en 2005 por esta obra. Galiardo manifestó que "Humo" es una reflexión sobre "el mundo de las apariencias, de la mentira en la que estamos instalados y en donde en vez de ser, aparentamos".
Galiardo señaló, también, que tenía "mucho interés en venir a Tenerife" porque la Isla ha sido un "punto de encuentro" en su evolución personal desde 1980, cuando vino a vivir en ella su único hermano. "Aquí he vivido momentos de mi transición, aquí preparé "Turno de oficio", "El Quijote" y "La Regenta", proyectos en los que también estaba involucrado como productor", recordó el intérprete.
-¿Para subirse a un escenario hay que ser de una pasta especial?
-A todos nos marca el destino. Creo que todos estamos condicionados. Más que tener una pasta especial para subirse a un escenario lo que se necesita es profunda vocación. Una absoluta entrega y, sobre todo, formarte en el conocimiento de ti mismo, de tu voz, de tu expresión corporal. Y saber que esto es una manera de vivir.
-¿Tiene más teatro arriba o abajo de las tablas?
-Muchísimo más arriba. El teatro es mi vocación suprema y donde realmente me expreso al máximo.
-¿Le ha cundido lo de ir de galán a lo largo de su vida?
-La verdad es que dada la cantidad de pasión que le he puesto a la mujer está bien que también ellas me hayan devuelto un poco.
-¿Se cree en algo a los 68 años o uno ya está de vuelta de todo?
-Tengo una profunda fe en mi crecimiento y en aprender cada día. Esto es lo que alienta mi ejercicio profesional. Para mí el teatro es una terapia y una forma de conocer caras de mi poliedro. Por eso pienso que la fe es lo más importante. El final de "Humo" es una síntesis de lo que el autor de la obra y yo sentimos. La palabra es fe. Esa es la palabra. Hay que tener fe.
-¿Cómo se mete uno en la piel de un dictador como Fidel Castro?
-Sobre todo porque me metí en la piel de un dictador "balsero" y perdido. Por eso lo pude hacer. Si hubiera sido el dictador triunfador no hubiera podido hacerlo. Me gustó la propuesta de que fuera un hombre que ha sufrido un accidente, y se encuentra desposeído del uniforme en una playa de Miami. Perdido y desnudo. Como yo tantas veces me he sentido en la vida.
-¿Se siente más Don Quijote que Don Juan Tenorio?
-Sí, me siento mucho más Don Quijote que Don Juan Tenorio. El Tenorio es un hombre repleto de grandes complejos de inferioridad. Mientras que El Quijote es un hombre enloquecido. A veces para decir las verdades en esta sociedad hay que fingir estar enloquecido, así como para enfrentarse al poder establecido.
-Echando la vista atrás, ¿de qué papel se siente más orgulloso?
-Precisamente, El Quijote. Fue un año de mi vida dedicado a preparar ese papel. Tuve que adelgazar dieciocho kilos y aliviar mi mente para adentrarme en una mirada nueva, en una mística especial. Todos los días pasaba dos horas y media de maquillaje y una hora y media para desmaquillarme. Al día trabajaba catorce o quince horas. En ese rodaje viví una sensación profunda de ejercicios espirituales.
-En una ocasión dijo que "el cine español ha de hacer películas sobre perdedores. ¿No es conceder demasiada ventaja?
-Creo que el cine, hoy día, debe de hacer películas protagonizadas por personajes al límite. Es la verdadera narrativa que puede interesar a los espectadores. Por eso tuve mucha polémica con el personaje de "Clandestinos", en la que interpretaba a un policía homosexual y mi oponente era un etarra homosexual. Esos son los personajes que interesan.
-¿Cómo recuerda su etapa mexicana en los 80?
-Fue una etapa muy interesante porque tuve que reflexionar mucho sobre lo que fue mi vida anterior como galán internacional y como actor glamuroso para entrar en un proceso de humildad, que me permitió encontrarme con la piel de El Chepa de "Turno de oficio". Le tengo mucho aprecio a mi periplo mexicano porque fue una etapa de mucha humildad.
-En "El vuelo de la paloma" (1989) autoparodiaba su rol de galán. ¿Supuso una liberación?
-La verdad es que sí. Me gusta mucho reírme de mí mismo. Somos tan pequeños, somos tan frágiles, que hay que reírse.
-¿Se puede decir que Juan Echanove ha sido su pareja actoral idónea?
-Sin duda alguna. Hace cuatro días me llamó cuando estaba en Las Palmas de Gran Canaria y me dijo que me echaba mucho de menos y que teníamos que trabajar otra vez juntos. Juan Echanove ha sido mi mejor pareja actoral masculina. Mientras que mi pareja femenina ideal es Kiti Manver. En el escenario Kiti y yo somos una explosión. La primera vez que trabajé con ella fue en "El Quijote". Ahora tenemos en marcha el proyecto "A la luz de Góngora". Juntos formamos una pareja de enorme comunicación y gran catarsis.
-¿No cree que el Goya le llegó demasiado tarde? (en 2000).
-A lo largo de mi carrera me han concedido muchos premios. Rafael Azcona decía que "en España los premios son un arma arrojadiza porque se los dan a alguien para castigar a otro". Nunca se dan premios desde el corazón. Somos un país muy duro con nosotros mismos. Por eso no hay que darle mucho valor a los galardones.
-Berlanga, Saura, Trueba, Mercero, Aranoa... ¿Con qué director de cine ha sintonizado mejor?
-Para mí ha habido dos directores clave: Antonio Mercero y Antonio García Sánchez. Son los dos directores con los que mejor he sintonizado. De una generación más cercana, con Fernando León de Aranoa.
-¿Ya no se hacen series de televisión como "Turno de oficio"?
-Desgraciadamente, no. La tarta de la publicidad se ha expandido y todo el mundo quiere una parte. Los valores han bajado y nos encontramos inmersos en un profundo deterioro narrativo. Por eso procuro no aparecer en televisión.
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