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PABLO PAZ

Educación: tenemos un problema

1/jul/08 07:01
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SÍ, EFECTIVAMENTE, la educación en España, pero sobre todo en Canarias, tiene un problema. Hay quienes piensan que dicho problema es como consecuencia del avance desigual de la tecnología; esto es, existe un desfase entre el plano educacional y el presupuestario que impide su propio desarrollo e integración social. Para que un país sea realmente libre, es necesario establecer la importancia que existe entre el desarrollo político y social, así como los vínculos con la educación y formación de sus ciudadanos; de tal forma que éstos puedan acceder con ciertas garantías de igualdad y equidad a los distintos ciclos formativos -tanto universitarios como de índole profesional-, para que en última instancia dichas garantías les sirvan para poder acceder con seguridad y confianza a una posterior vida laboral; de manera que, a su vez, este hecho les pueda ayudar a contribuir plenamente, dentro de un proceso productivo y de industrialización, al normal crecimiento de la economía del país. Y ello como eje fundamental de una política educativa que ha de estar encaminada, además, a establecer las bases para conformar una visión centrada en la importancia que tiene el conocimiento y el saber para el ser humano.

La educación debe ser una preocupación nacional. Por tanto, sus contenidos no pueden ni deben estar vinculados ni cedidos ni transferidos ni compartidos. La educación ha de ser un escenario de encuentros y no, como lo es en la actualidad, un espacio de confrontación entre heterogéneas ideologías políticas y pedagógicas. Los alumnos, nuestros hijos, hombres y mujeres del mañana, se merecen una educación de calidad; inmersa en una política que asegure la igualdad de oportunidades, para que todo aquel que quiera pueda tener acceso a una educación de nivel y excelencia, con todo lo que ello implica. Y los padres, nosotros, debemos tener el derecho y, por tanto, la posibilidad de elegir la mejor educación para nuestros hijos, en función de la defensa de unos determinados principios y valores. Lo primero deben ser las personas; y los planes de estudio y sus contenidos han de ir encaminados, por tanto, a facilitar el aprendizaje necesario y adecuado para su posterior desarrollo personal y laboral, alejado en lo posible de cualquier matiz ideológico. Siempre han de primar la razón y el humanitarismo como armas para vencer la estupidez y las flaquezas humanas.

Desde una perspectiva liberal-conservadora, la actual crisis que se cierne sobre la educación refleja, fundamentalmente, la incapacidad de las autoridades competentes (?) a la hora de gestionar los recursos disponibles dedicados a ella; recursos, por otra parte, más bien escasos. Pero los políticos y los gobernantes deberían saber, y la sociedad recordarles, que sólo ellos tienen la capacidad de acción legislativa y ejecutiva necesarias en materia de educación; y que darle la espalda a la realidad, racanear ideológicamente el consenso debido y, no digamos ya, gastar de forma inadecuada los dineros públicos destinados a la educación es, aparte de una inmoralidad, un acto de corrupción imperdonable. Por ello es tan importante en una sociedad libre respetar la responsabilidad que tienen los padres de familia en todo lo relacionado con la elección de la educación de sus hijos. El Estado, los gobernantes, han de limitarse a crear las condiciones más favorables, las leyes más adecuadas y las normas que sean necesarias para respetar dicha responsabilidad y elección, en el sentido de que los padres puedan elegir libremente la educación y el centro que ofrezca una enseñanza completa, obligatoria, universal, justa; donde prevalezca la calidad por encima de la cantidad; donde se oferten los conocimientos y las habilidades necesarias para que el alumnado pueda hacer frente, una vez acabado los estudios, a los retos que le aguardan en la vida, tanto desde un punto de vista personal como laboral. Una educación que se halle en la órbita y en la dimensión humana de los escolares, a la vez que sea capaz de formar a buenos ciudadanos. Una educación que prime lo importante sobre lo anecdótico, y que le devuelva a las Humanidades la importancia y la trascendencia que nunca debieron perder. Una educación que le restablezca la dignidad profesional, laboral y económica a los maestros y profesores para que éstos vuelvan a exponer en las aulas los métodos más adecuados para que los alumnos adquieran un verdadero sentido de la historia compartida, del dominio de la lengua común de los españoles -aparte de las propias que se hable en sus respectivas comunidades autónomas-, de la geografía, del ejercicio de la crítica, del argumento razonado y de la reflexión ponderada. Una educación que restituya a las aulas el civismo, la tolerancia y la urbanidad perdidas. Una educación basada en el trabajo, en el esfuerzo, en la disciplina, en la constancia?

En definitiva, una educación que devuelva a las aulas el concepto de "auctoritas" como legitimación socialmente reconocida hacia la autoridad educativa (el maestro), que procede, nada menos, que de su saber y dedicación; y que tiene, por sí mismo, un valor moral indiscutible e indiscutido; alejado totalmente del actual modelo impuesto por la generación "logseniana" y progresista de izquierdas que olvida, una vez más, aquello que decía Ortega sobre si la verdadera preocupación por lo urgente e inmediato no nos estará haciendo perder el interés y la pasión por lo verdaderamente importante.

macost33@hotmail.com

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