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LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

El precio del huevo

1/jul/08 07:01
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ESTAR en contacto permanente con los medios informativos, como es la obligación, entre otras, de "este que lo es", que dicen en el campo, es saltar del desconcierto a la esperanza. Días atrás me referí al invento de un dispositivo alemán que comunica un aparatito que pone en contacto una máquina con la mente humana para conducir un coche, y no se sabe si con la mente animal, como la de un burro, mejorando lo presente, o la de una cabra de las que bañan en el Puerto de la Cruz. En este caso, el observador humano que vea una cabra o un asno conduciendo un automóvil no morirá atropellado, sino por la sospecha de ver quién viene al volante, sin que le quiten puntos del carnet de conducir y le coloque el "vinómetro" la Guardia Civil. El único inconveniente que encuentran los técnicos es la forma de la pezuña, con la que no pueden coger el volante. Pero todo se andará.

Luego, que se pone uno a ver la TV y uno de esos locos que antes llamaban locutores le dice al telespectador que hay que ir pensando en ir cambiando, no sólo de clima sino de domicilio espacial, porque con esto de los cayucos y los inmigrantes ilegales se nos está llenando el mundo. Ya se puede ir a la Luna como se va a Tacoronte y lo mismo a Venus, que hace unos cuantos siglos podía ser un vergel, pero ahora es un infierno con el 96% de anhídrido carbónico y 450 grados centígrados de temperatura, no se encuentra una gota de agua porque se evaporó y tampoco hay corriente eléctrica para encender el horno microondas. O sea que hay que pensarlo bien si quiere ir a vivir a Venus. La ventaja es que no vemos por la tele a Juanfer López Aguilar ni a Zapatero. Otra opción es el planeta Marte, con agua, pero poca, especial para los que no les gusta bañarse, que son numerosos. Hay unos charquitos de agua, que son los que se ven desde la Tierra.

Y, por último, porque la relación es larga, una noticia que leo en estas mismas páginas, que realmente no me agrada. Resulta que, a un paciente que fue al médico, el Servicio Catalán de Salud tiene que indemnizarlo con 54.890 euros. El enfermo, al que parece que le dolía esa parte, se presentó en Urgencias en el Hospital tarraconense de Vendrell y el médico va y opera de los que llaman los magos "un intestículo", o séase un huevo. El Defensor del Paciente que en Cataluña lo hay pero aquí, que nos parta un rayo, consiguió una conciliación mediante la cual se le puso precio al huevo: los casi 55.000 euros le parecieron pocos a la familia, aunque el "intestículo" estaba poco desarrollado ya que el paciente sólo tiene 20 abriles, pero el médico le convenció de que un solo "intestículo" vale y no hace falta un trasplante.

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