Tenerife

Asuntos pendientes en el Teide

El primer aniversario de la declaración del Parque Nacional como patrimonio mundial llega sin que las instituciones responsables hayan aclarado el futuro del teleférico, las casas privadas de El Portillo Alto y los muflones.
RAÚL SÁNCHEZ, La Orotava
28/jun/08 2:08 AM
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El Parque Nacional del Teide celebra el primer aniversario de su declaración como patrimonio mundial sin resolver varios asuntos fundamentales para su futuro: la continuidad o desaparición del teleférico, la situación de las viviendas particulares de El Portillo Alto y la erradicación del muflón. Las diferentes administraciones públicas implicadas en estos asuntos pendientes no terminan de tomar decisiones definitivas y, a pesar de su innegable importancia, su resolución continúa siendo incierta.

El teleférico.- La historia del teleférico del Teide se remonta a 1929, cuando Andrés Arroyo González de Chávez concibe un proyecto que tardaría más de 40 años en concretarse, según narra Tomás Méndez Pérez en el libro "Antecedentes históricos del Teide y Las Cañadas". Tras años de gestiones al más alto nivel, la Sociedad Teleférico del Pico Teide, creada en los años 50 del siglo XX, logra permutar, con el Ayuntamiento de La Orotava, los terrenos afectados por el teleférico a cambio de una escuela ya construida en Aguamansa y unos 800 metros cuadrados de terreno. Corría en año 1961. En 1967, el BOE publica la resolución de la Dirección General de Transportes Terrestres, del Ministerio de Obras Públicas, que aprueba la concesión del teleférico por un plazo mínimo de 60 años.

El Parque Nacional del Teide informa en documentos públicos de que la concesión del teleférico termina en el año 2037, es decir, dentro de 29 años. En la actualidad la instalación es gestionada por Teleférico del Pico de Teide, una sociedad anónima creada en agosto de 1971 de la que el Cabildo de Tenerife posee el 49,44% de las acciones. Numerosas voces se han alzado contra la continuidad del teleférico, cuyo impacto se ha denunciado en diferentes estudios y es reconocido por el propio Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Nacional (PRUG), que no deja lugar a dudas: "Las instalaciones del teleférico y el flujo de visitantes que genera interfieren desfavorablemente en la conservación de determinados recursos naturales y de los valores paisajísticos del Parque, por lo que desde este punto de vista sería conveniente su desaparición".

El PRUG añade que "durante el período de vigencia de este plan se promoverá un estudio sobre su significación económica y social en la Isla con vistas a promover una decisión por parte de las administraciones competentes sobre su permanencia futura o no, en función de los resultados del mismo. En tanto se finaliza dicho estudio y se opta por una decisión, se procederá a reducir el impacto producido por las instalaciones y uso existentes, eliminando aquellas construcciones que no tengan un uso determinado, restaurando paisajísticamente el entorno y suprimiéndose impactos negativos". Hasta la fecha nada se sabe de este estudio clave.

Además, el PRUG propone que en La Rambleta del Teide, "dadas las pésimas características estéticas e inutilidad parcial de las construcciones allí existentes y la penosa imagen que del parque y de Tenerife se ofrece a los visitantes, siguiendo las recomendaciones del Consejo de Europa, se procederá a una completa restauración paisajística del área mediante un proyecto que incluirá la demolición de todas las construcciones actualmente sin uso y la demolición del edificio de pernocta de los vigilantes del teleférico, antiguamente utilizado como bar, y su sustitución por otra construcción integrada en el entorno y con una superficie útil no superior a 50 metros cuadrados, así como la restauración completa del área y la adecuada ordenación de los senderos".

El director conservador del Parque Nacional del Teide, Manuel Durbán, declaró recientemente a EL DÍA que la revisión del PRUG debe abordar el futuro del teleférico, "sin olvidar que es propiedad de una sociedad anónima, y que si se decide su demolición, habrá que analizar el asunto de la indemnización, que sería muy cuantiosa. Habría que valorarlo porque hablamos de dinero público".

Durbán subraya que "al finalizar la concesión del teleférico, teóricamente no habría que indemnizar, aunque es arriesgado hablar sobre lo que pensará la gente en ese momento respecto al teleférico". El alcalde de La Orotava, Isaac Valencia, se muestra más tajante respecto al futuro del teleférico y otras construcciones del parque: "Está claro que determinadas cuestiones del pasado están sobrando en Las Cañadas".

Las casas de El Portillo Alto.- Las construcciones privadas ubicadas en El Portillo Alto, junto a los restaurantes Teide y Bambi, se ubican en una especie de isla que no está dentro del Parque Nacional. Durbán subraya que "los chalés no forman parte del territorio del parque, es un enclave de propiedad privada que el Plan Insular de Ordenación del Territorio prevé convertir en un complejo de servicios públicos".

El director-conservador del Parque Nacional destaca que esas propiedades privadas, situadas en suelo orotavense, "no forman parte del Parque Nacional, pero son zona periférica y parte del parque natural de la Corona Forestal, por lo que el PRUG de este espacio tendrá mucho que decir sobre su futuro".

Isaac Valencia no descarta que esas viviendas privadas, construidas en los años 60 del siglo XX, desaparezcan en el futuro, "como ocurrió con las edificaciones del Sanatorio", y aboga porque sea el Patronato del Parque el que defina "más tarde o más temprano qué se va a hacer con ese enclave que está, pero no está en el parque".

A pesar de su extraño estatus, el Parque Nacional tiene una influencia total sobre ese territorio, ya que cualquier obra que se pretenda desarrollar allí debe tener su informe favorable. En la actualidad, la dirección del parque no permite ningún tipo de actuación en estas viviendas, que carecen en su mayoría de agua corriente y luz eléctrica. Algunos propietarios se quejan del "acoso" del Parque Nacional que, a su juicio, "actúa como el dueño de algo que no le pertenece, impidiendo, incluso, la instalación de placas solares o el cambio de ventanas rotas, lo que eso implica en un lugar de clima tan extremo como Las Cañadas". Valencia considera que "lo que suele ocurrir en otros parques nacionales, como Doñana, es que este tipo de edificaciones tienden a desaparecer".

El procedimiento que sigue la dirección del Parque Nacional con estas viviendas de recreo es, en la medida de sus posibilidades, ir adquiriendo propiedades con el fin de que los terrenos donde se asientan, una vez recuperados, pasen a formar parte del Parque Nacional del Teide.

El muflón.- El muflón fue introducido en el Parque Nacional en el año 1971 con fines cinegéticos y desde entonces su expansión ha sido progresiva en la parte central de la Isla, dentro y fuera de los límites del parque, justo la zona de distribución de gran parte de las especies endémicas de la Isla. El Parque Nacional sostiene que su existencia supone hoy una amenaza potencial para la conservación de determinadas especies y, por ello, promueve entre las administraciones competentes la elaboración e implantación de un plan de erradicación del muflón de la Isla de Tenerife, a cargo del Cabildo.

"Dado que la acción en el interior del parque no debe demorarse, la administración de este espacio, en coordinación con las jornadas de control de muflón que desarrolla fuera el Cabildo de Tenerife, organiza anualmente jornadas de control de muflón dentro de su territorio. El objetivo es abatir el mayor número de animales posible para erradicar la especie. Anualmente la Comisión Mixta de Gestión de los Parques Nacionales de Canarias aprueba las normas que regulan esta actividad. Asimismo, la administración del parque realiza anualmente censos invernales y primaverales de muflón dentro de su territorio y otras labores relacionadas con el seguimiento de la especie, que permiten valorar su dinámica poblacional", indican fuentes del parque. Los responsables han ensayado diversos métodos de captura en vivo para esterilizar y dotar a los muflones de collares de seguimiento. Con este método logran localizar y abatir a los grupos.

En la actualidad, el parque calcula que existen en Tenerife alrededor de 40 muflones, aunque la cifra sólo es orientativa. Sus planes de erradicación, contenidos en el PRUG, chocaron en el pasado con las reivindicaciones de colectivos de cazadores opuestos a la eliminación de la caza mayor en la Isla.