¿QUÉ PODEMOS decir de ese deseo manifestado por el presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, de buscar una alianza estable con Canarias? Nos alegramos de ello, sobre todo si el titular del Ejecutivo español asume, como dice, las principales reivindicaciones de CC para contar con el apoyo de los nacionalistas en Madrid.
Tiene su fundamento nuestra alegría en que este escenario resulta ideal para que los políticos nacionalistas den el paso de plantear las inaplazables aspiraciones de soberanía del pueblo canario. Es el momento oportuno, en línea también con lo manifestado por Paulino Rivero de no poner límites a la reforma del Estatuto de Autonomía. No los pongamos. Digamos, de una vez y sin ambages, que el Estatuto no nos sirve sencillamente porque no queremos seguir como autonomía de la metrópoli española. Somos canarios y no españoles autónomos o ultraperiféricos. Respetamos a España porque durante seis siglos nos ha dado su lengua y su cultura. Incluso nos alegramos con los triunfos de sus deportistas y nos apenamos de sus fracasos. En eso nos diferenciamos de otros que, al contrario que nosotros, quieren un separatismo apoyado en el odio y la violencia. Nosotros, lo hemos dicho en numerosas ocasiones y lo repetimos ahora, predicamos el entendimiento pacífico y el diálogo inteligente con las autoridades de Madrid para recuperar la condición de pueblo libre. Insistimos: es el momento de exigir lo que nos corresponde.
Concurren numerosos motivos para que alcancemos cuanto antes esa ansiada soberanía. En primer lugar, le debemos un respeto a nuestros ancestros guanches que cayeron heroicamente para defender una tierra que entonces era la suya y hoy es la nuestra. A continuación, urge poner fin a las tres infamias del actual Estatuto de Canarias: el "gran" para Canaria, el orden alfabético que posterga a Tenerife y la modificación del escudo para negarnos lo que nos ha dado la naturaleza, que es ser la isla más grande y bella de todas. En tercer lugar, Tenerife ha de recuperar su protagonismo capitalino en el Archipiélago, y a partir de ese momento administrar con ecuanimidad tanto sus intereses como los que afectan a las demás islas. Resulta inadmisible que siga retrasándose el comienzo de infraestructuras esenciales para nuestro desarrollo, mientras se eterniza la conclusión de otras. Tal es el caso de la ampliación a tres carriles de la autopista del Sur. El consejero de Obras Públicas, Juan Ramón Hernández, culpa ahora a Madrid de una nueva demora. Lamentablemente, Hernández se está mostrando como un digno discípulo de su antecesor en el cargo. Hablamos de Antonio Castro Cordobez, que durante años sólo benefició a La Palma -su isla- y a Canaria, con el nefasto consentimiento de Adán Martín. Si las obras de la autopista del Sur tinerfeño correspondieran a cualquier vía de la isla tercera, hace tiempo que estarían concluidas. La culpa no es sólo de Madrid, sino de quienes atacan por sistema a Tenerife y de quienes, también de manera habitual, no son capaces de defender a su isla.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. Avda. Buenos Aires 71, S/C de Tenerife. CIF: A38017844.