EL DÍA, S/C de Tenerife
Tiene sólo 22 años y un escaso sentido por la vida humana. Un sicario profesional procedente de Colombia y que actualmente reside en Tenerife ha accedido a dejarse entrevistar por los servicios informativos de EL DÍA Televisión y asegura que este "negocio" también existe en la Isla.
Su primer "problema", como él lo llama, lo tuvo con tan sólo trece años. "En Colombia una persona de trece años puede hacer lo que quiera porque sabe que va a salir en dos meses", asegura. Pueden ofrecerle un trabajo que vaya desde dar una paliza hasta cometer un asesinato por tan sólo un mal gesto o una mala mirada y afirma que en el submundo en el que se mueve la vida no vale casi nada.
Desde que reside en la Isla asegura que nunca ha realizado ningún "trabajo", aunque sabe "que hay gente dispuesta a hacerlo". No se siente orgulloso de su vida, pero afirma que en la zona de Colombia donde nació y creció no pudo permitirse el lujo de aparentar debilidad. Sin embargo, algo diferencia al "negocio" en Sudamérica del que se practica en las Islas: "Aquí el objetivo es el mismo, pero se hace con un punto de vista más limpio, no a tiro limpio en la calle como ocurre en Colombia".
Asegura que es un negocio rentable, donde se pueden cobrar desde 1.000 a 100.000 euros. "Sólo hay que esperar a que surja un buen trabajo". Ahora quiere salir de ese mundo en el que se metió por las malas amistades aunque no esconde que "el dinero te hace pensar en hacerlo".
Además, afirma que, tanto en América como en Europa, el narcotráfico es el principal suministrador de "trabajo" debido a las rencillas entre bandas o a los ajustes de cuentas. El miedo siempre existe, pero dice que su amuleto es la bendición de su madre. Una vida dura y peligrosa que espera dejar de lado en el momento adecuado antes de que sea demasiado tarde.
Ritual de la muerte
Los sicarios procedentes de Sudamérica suelen utilizar los servicios de videntes o chamanes para pedirles protección o para conjurar las balas para que no fallen su objetivo. La magia como mecanismo de defensa ante los "encargos" es habitual, así como la protección a través de escapularios, medallas o cruces de Caravaca.
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