"Nadie educa a nadie. Los hombres se educan juntos a través del mundo" (Paulo Freire)
RECOGE el DRAE que desear es anhelar que acontezca un suceso. Nuestro anhelo es un deseo vehemente de implicar a las personas jóvenes de nuestro municipio en el análisis y la redefinición de la ciudad de Santa Cruz que quieren para el mañana que van a vivir en ella.
La juventud de Santa Cruz vive una realidad marcada por la convivencia pacífica y democrática, por la llegada de una nueva vecindad, a la que acoge cordialmente, aunque en ocasiones la convivencia no se torne fácil. Lo vivimos día a día cada uno en nuestro entorno y lo percibimos desde nuestra particular atalaya. Este crisol de miradas es el que debemos y deseamos canalizar para que el papel educador de una ciudad se convierta en realidad.
Una propuesta, y a la vez un compromiso, para hacer de Santa Cruz una ciudad educadora de verdad, cuyo concepto lo entendemos íntimamente relacionado con otros como equidad, ciudadanía inclusiva, cohesión, sostenibilidad o educación para la paz. Conceptos estrechamente ligados, además, a una intencionalidad que facilite la transversalidad y la interdisciplinariedad que nos permitirá practicar nuevas formas de participación de la sociedad civil de acuerdo con nuestra singularidad e identidad, aceptando que no podemos separar el modelo de ciudad que deseamos de la forma de vida que queremos llevar y del tipo de personas que queremos ser.
Esta forma de concebir la ciudad, de proyectarla hacia el futuro y de asumir los derechos de la ciudadanía, nos obliga a plantear un modelo de actuación municipal, junto a las personas jóvenes de Santa Cruz, que ponga como punto de partida los valores, en su extensa concepción, y hacer de ellos el eje de nuestra conducta, para implicar e imprimir el orgullo legítimo de ser corresponsables.
Esta es nuestra propuesta para la elaboración del Plan de Juventud que un nutrido grupo de jóvenes corresponsables diseñan con entusiasmo desde hace ya algunos meses. Con este espíritu afrontamos su elaboración y con el convencimiento de que la ciudad puede y debe ser, a la par, marco y agente educador porque ello supone una riqueza innegable para las personas que viven en ella.
Reforzar los valores éticos y de convivencia, la corresponsabilidad ciudadana, el esfuerzo y el civismo supone promover el crecimiento de los seres humanos como personas para mejorar las actitudes y la vida en comunidad, buscar la dimensión educativa es lo mismo que buscar la dimensión cívica. La ciudad democrática que se desarrolla en plenitud siempre educa, aunque formalmente no se lo proponga.
Entendemos que es nuestra responsabilidad mejorar la calidad democrática, la participación, la cohesión social y, en definitiva, fomentar los valores, ya que esto va a redundar en la calidad de vida de la ciudadanía, no sólo en el plano material de servicios y del entorno, sino en la calidad de la convivencia.
Nuestra tarea, ahora, es propiciar el encuentro entre jóvenes, cuya finalidad es la elaboración del Plan de Juventud de Santa Cruz, que permita generar este clima de calidad cívica y de convivencia urbana, de manera corresponsable y participativa, porque uno de los sentidos de la educación es el impulso del crecimiento y potencialidades de los grupos humanos.
La condición para pertenecer a un grupo y a un lugar es participar y participar significa tomar decisiones y corresponsabilizarse de las mismas. Esta es la labor que en este momento ocupa a muchas personas jóvenes de Santa Cruz, entre 14 y 18 años, a través del proyecto "Corresponsables", que con entusiasmo y alegría trabajan para profundizar en la elaboración de propuestas y tareas, porque el deseo ya lo tienen, que permitan armonizar la convivencia ciudadana en los diferentes núcleos de nuestra ciudad y profundizar en los asuntos que les preocupan.
Debemos aceptar que empieza a percibirse que la participación y la implicación en el diseño de las políticas, en su ejecución y evaluación pasa a convertirse ya, no en una posibilidad, sino en una necesidad para la sana convivencia democrática, para la disolución de conflictos y especialmente para la transparencia como principio básico. Es su lenguaje, sus intereses, sus miedos y sus sueños, no los nuestros, lo que debemos escuchar de los jóvenes, facilitarles el camino, ayudarles a recorrerlo, también dejarles que se equivoquen, desterrar actitudes paternalistas, y adentrarlos en la sociedad de este tiempo, diversa y controvertida, como la de todos los tiempos.
* Concejala del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife
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