EN ESTOS TIEMPOS de crisis global no suelen darse demasiadas noticias para llevarnos al optimismo, en especial, cuando hablamos de medio ambiente. Sin embargo, estos días pasados ha ocurrido un hecho especialmente relevante y que -en mi opinión- no ha sido valorado por los medios de comunicación y la propia sociedad canaria en su justa medida. Se trata de la reciente adjudicación del Polígono Industrial de Actividades de reciclado de Residuos Urbanos que el Cabildo Insular de Tenerife ha promovido a seis empresas de reciclaje, cada una de ellas de un sector diferente, para los próximos 25 años en el Complejo Medioambiental de Tenerife (Arico).
¿Cuáles son las causas que explican que esta noticia, aparentemente destinada a figurar sucintamente en las páginas de economía de un periódico, trascienda y se convierta en un hecho histórico y que modifica el actual status quo del medio ambiente en la isla de Tenerife? Para empezar, hay que decir que el recurso en el que se va a apoyar la actividad de estas empresas era -hasta ahora- un residuo en el sentido estricto, "la basura", un verdadero quebradero de cabeza para los gestores insulares, y un coste importantísimo para nosotros, los ciudadanos, que, en definitiva, teníamos que asumir de nuestro bolsillo el laborioso proceso de gestión, separación, transporte o vertido en celdas -según tocará- de las ingentes cantidades de deshechos que la isla de Tenerife genera a diario. Y dado que el terreno no abunda precisamente, a la velocidad que íbamos -y vamos-, se nos iba a terminar el espacio disponible para acumular los residuos en el marco de apenas una generación. De esta manera, la basura ha dejado de existir y se ha convertido en un recurso, es decir, en una fuente de riqueza y de generación de empleo.
Por otro lado, la actual legislación comunitaria obliga al tratamiento selectivo de los residuos y, al carecer de este tipo de industrias en la Isla, nos obligaba a separar primero, a continuación, meter el residuo en un contenedor, transportar en un barco hasta la Península, luego en un camión al lugar en que se encontraba la fábrica y el reciclado final, con los costes ambientales adicionales que supone el consumo de petróleo y toda la generación de emisiones de CO2 asociada. Es decir de esta manera, el denominado "coste global ambiental" nos resultaba desfavorable. Si, por ejemplo, en el caso de una nevera poníamos en una balanza todo este consumo de energía para su reciclado obteníamos -paradójicamente- que generáramos menor impacto sobre el medio ambiente simplemente enterrándola. Esta triste situación es la que será paliada con las nuevas empresas que se instalarán en Arico.
En ese sentido, estas empresas invertirán en el Complejo Ambiental de Tenerife la nada despreciable cifra de 41,3 millones de euros, en una superficie cercana a los 50.000 metros cuadrados, beneficiándose de una concesión administrativa y de la fiscalidad ZEC de este ámbito territorial. En otras palabras, la administración insular ha arbitrado una serie de ventajas para la empresa privada que permitirán que lo que se tenía que abordar con presupuestos públicos lo realice ahora el capital privado, ahorrando al erario público de la Isla un enorme coste económico y ambiental, a la vez que se genera riqueza y empleo estable (70 empleos directos y centenares indirectos), permitiendo también que cumplamos la obligatoria normativa europea vigente. Es la cuadratura del círculo, que en muy raras ocasiones tenemos la oportunidad de ver de cerca, en especial cuando tratamos de temas ambientales, que tienden a contemplarse en demasiadas ocasiones como un gasto a fondo perdido.
Al concurso para el reciclaje de residuos sólidos urbanos se han presentado diez empresas, de las que han sido finalmente adjudicatarias seis (había más demanda que oferta). En dicho concurso se han valorado el tipo de residuo a tratar, la tecnología empleada, la generación de empleo, el establecimiento de convenios con universidades y centros de investigación para el desarrollo de la Investigación más Desarrollo más Innovación (I+D+I) en su campo especifico, así como su capacidad para generar productos finales, es decir, que no necesitasen desbordar los límites insulares, ni por tanto, transportes adicionales. Las empresas adjudicatarias son: Renecan, que reciclará neumáticos usados y obtendrá caucho para diferentes usos; Ewaste Canarias, que reciclará aparatos eléctricos y electrónicos y generará productos férreos, plásticos y vidrios; Enercocan, que reciclará materiales plásticos y generará combustible diesel; Biocardel, que reciclará aceites vegetales para obtener biodiesel; Urbaser, que creará una planta de producción de energía térmica y eléctrica mediante gasificación de biomasa, y Desguaces Tenerife, que comprimirá metales en pacas. En este único caso, se sacará de Canarias con destino a la Península.
En definitiva, estamos ante un hecho trascendental para el acontecer diario de esta Isla y del Archipiélago en su conjunto, que permite encarar el futuro de un tema tan complejo y lleno de dificultades, como es el de los residuos sólidos urbanos, con mayor optimismo y esperanza. Si a ello le añadimos que, en los tiempos actuales, la noticia de una multimillonaria inversión empresarial que genera riqueza, empleo y valor añadido no se encuentra ligada al bloque ni al asfalto, sino, al contrario, al aprovechamiento de la mal llamada "basura", supone un horizonte de esperanza más sostenible para nuestra sociedad. No todo va a ser malas noticias.
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