SE ESTÁ PONIENDO de moda discutir sobre que es mejor: ¿jefe o jefa?; pero son ganas de incordiar, puesto que, como en botica, habrá de todo. A lo largo de mi vida profesional, en los distintos trabajos que he desarrollado, nunca tuve una mujer como jefe; descontando a mi mujer, que sigue mandándome desde hace cuarenta y cinco años, y sin la menor queja. Aunque las cosas son según el color con que se mire, puesto que a veces uno sabe buscar su libertad para hacer lo que quiere, y sin llevar la contraria, por si acaso. Pero no es de temas personales de los que quiero hablar sino de esta pelea absurda de hombres y mujeres.
Una encuesta realizada a unos 1.200 empleados de todo tipo, en la que preguntaban sobre su experiencia personal en su entorno laboral, ha dado algunos datos significativos. El 68% (porcentaje bien alto) de los empleados muestran total indiferencia, y aclaran que ser un buen "mandamás" nada tiene que ver con el género. Un 29% se decantan por que el jefe potencie el trabajo en equipo, y un 25% por que el superior tenga una comunicación fluida. Existen otros indicadores, como la capacidad de saber delegar, con muy buen sentido, y con buen humor. Lo que no gusta, y lo ratifica el 48% de los encuestados, es la falta de respeto del superior; a los que hay que sumar otro 22% que rechaza de plano un jefe con actitud altiva y prepotencia. El resto de preguntas y respuestas de la encuesta son tan poco significativas que los de Alta Gestión podrían haberse ahorrado la investigación.
Personalmente, creo que estos informes para lo único que sirven es para promover en la sociedad un enfrentamiento hombre-mujer (me gustan más los términos varón y hembra), porque esto del género resulta otra patochada más de la que nos tienen acostumbrados los progres que nos inundan, y que al final sólo provocan equivocaciones como las "miembras" de la ministras. De joven trabajé en una tienda de tejidos, y utilizábamos la palabra género para denominar cualquier producto, ya fueran telas, corbatas, calcetines, o medias, en general cualquier prenda tejida era definida por ser o no un buen género.
La mujer actual está preparada para cualquier rol; puede ser jefa o subordinada porque tiene la misma preparación que cualquier hombre. Debe desempeñar con seriedad todos los papeles a su alcance, y recibir las mismas rémoras, así como salvar los prejuicios y saber solucionar los problemas. Profundizando más y mejor en lo que nos une, descubriremos que lo que nos separa no tiene tanta importancia, se le está dando demasiada.
La televisión, y los medios en general, especialmente las series, colaboran negativamente en la defensa de la falsa igualdad de sexo. A veces proponen personajes homosexuales con un protagonismo inusual. No los rechazo ni pongo objeciones al reconocimiento de sus derechos y obligaciones, pero creo que los guionistas exageran su forma de vida y comportamiento, metiéndolos con calzador en nuestras vidas como si fuese lo único importante.
El combate hombre-mujer existe desde siempre, y aunque algunos varones crean ser mejores, debo decirles que por ahora ellas nos ganan, ya que son las únicas que pueden afrontar la maternidad. Traer un bebé al mundo dota a la mujer de una sensibilidad que nosotros no podremos tener nunca. Las miradas, el cariño, y la conexión madre-hijo no pueden ser copiados. Ahí, queridos machos, somos nulos.
Como decía al principio: en botica hay de todo, y toda excepción marca la regla. Por eso pido prudencia, respeto y consideración para el eterno binomio mujer-hombre, varón-hembra.
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