HAY UNA ESTRECHA relación entre el número de miembros de una familia y el tipo de interacción que entre ellos se da. Es totalmente distinto el ambiente, la vida de familia y el "ruido" en una casa con la madre, el padre y uno o dos hijos, que en otra casa en la que haya tres, cinco o siete hijos. No digamos ya la diferencia con lo que ahora se llama una familia monoparental, y que ya empieza a abundar: una madre con un hijo o una hija, o un padre en la misma situación, éste último, caso más raro -pero que los hay- donde el tipo de relación es muy diferente.
No pretendo prejuzgar la satisfacción o calidad de la vida familiar en función del número de hijos, ni establecer como determinante para su educación el número de hermanos. Ni mucho menos sugerir el número ideal de hijos para un matrimonio. Los hijos en una familia son una variable que la tienen muy en cuenta las maestras, los maestros, los pedagogos, los psicólogos y los pediatras, a la hora de poder ayudar o curar a alguno de ellos. Aunque el número de hermanos no sea determinante, sí es cierto que tiene influencia en la forma de ser, la educación, la sociabilidad y el desarrollo de un niño.
Hoy voy a referirme a las familias con tres, cinco o más hijos, llamadas familias numerosas. En España se entiende legalmente por familia numerosa a la que tiene tres hijos o más. Según Jesús Jaráiz, presidente de la Asociación de Familias Numerosas +D2, en Canarias hay un total de 30.000 familias numerosas, 14.000 de ellas en Santa Cruz de Tenerife y el resto en Las Palmas.
A nivel nacional, según este periódico, existen 1,1 millón de familias con 3 o más hijos, aunque sólo la mitad tiene la consideración legal de familia numerosa, ya que la otra mitad no cumple alguno de los requisitos legales: el más general, por la edad de los hijos, que ya están incorporados al mundo del trabajo. A mi modo de ver, el número de familias numerosas -para la época que nos ha tocado vivir- es considerable , aunque lo que se lleva es un niño o dos, la "parejita". Las familias numerosas, aunque en sus casas son tremendamente alborotadoras y ruidosas -por lo general dentro de un orden-, sus miembros, en la calle, en el colegio o en la vida pública, suelen ser gente pacífica y muy sociable.
Ana Mª Navarro, madre, abuela de familia numerosa, y profesora de Sociología de la Educación de la Universidad de Navarra, en uno de sus libros dice que "una familia de cinco o seis hijos equivale, por lo menos, a cinco o seis familias de hijo único". Yo pienso que la importancia de la familia numerosa está en el tipo variado de situaciones que se dan en ella y que contribuyen decisivamente a la formación de los hijos. Se puede hablar de un sistema de vida propio de familia numerosa; como existe otro de "familia reducida". Es decir, en las familias numerosas hay una forma específica de plantearse la vida, que lleva a una serie de costumbres, y modelos de actitudes, procedimientos y valores que son típicos y privativos de este tipo de familia.
La paternidad y maternidad es más extensiva que intensiva. No porque se quiera menos a los hijos ni los padres se interesen menos por su bienestar y su educación, sino que, por fuerza, no pueden atender intensamente a cada uno como les gustaría; por eso han de delegar en los mayores, confiar más en cada uno de los hijos, por lo que éstos se habitúan enseguida a valerse por sí mismos. Por otro lado, como en una familia numerosa siempre están ocurriendo cosas, los hijos aprenden pronto a adaptarse a la realidad y a "capear el temporal". Son unos linces para "buscarse la vida", lo que se nota enseguida cuando llegan a las residencias o los colegios mayores.
Por lo general, en las familias numerosas debe ejercerse más la autoridad por parte de los padres y hay más disciplina; lo que no es incompatible con que las decisiones se tomen en el seno de la familia: lo que uno hace o puede hacer depende de lo que se haya permitido a los mayores. Hay una estrecha vinculación entre todos, en las situaciones menudas de la economía familiar -casi siempre justa, cuando no escasa-: en la "herencia" de las ropas, libros... de los mayores a los pequeños, en el reparto de espacio y en la participación de las tareas domésticas. Entre sus miembros se crea una autoconciencia de grupo en relación con la opinión ajena sobre la familia numerosa. Aunque a veces se deba renunciar a un mayor bienestar material, en este tipo de familias suele reinar una extraordinaria cooperación y alegría, de donde, por lo normal, surgen hombres y mujeres autodisciplinados, solidarios, tolerantes y comprensivos con los demás.
Por todo ello, coincido con lo que decía Jesús Jaráiz en la I Jornada de Familias Numerosas Canarias, celebradas el pasado día 7 en la capital tinerfeña: "Son el motor del desarrollo económico y social, porque aportamos el capital humano". A lo que yo añadiría: unas excelentes personas que son la garantía del verdadero progreso, económico, social y cultural. Por lo que merecen, en justicia, todo tipo de incentivos y apoyo por parte del Estado, de las administraciones autonómicas y? nuestra más sincera admiración.
* Orientador familiar
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