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SUPERCONFIDENCIAL ANDRÉS CHAVES

A mi amigo Carlos

20/jun/08 01:07
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1.- Mi amigo Carlos Acosta me telefoneó el otro día. Lo hizo a propósito de un artículo suyo y otro mío. Los dos hablábamos del género epiceno (o común) y de los modernismos absurdos, al uso, del "ellos y ellas", "cocodrilos y cocodrilas" y "miembros y miembras". Da gusto tratar con una persona inteligente y con un purista del idioma. Dios santo, si todos los maestros fueran como Carlos Acosta; otro gallo nos cantaría. Conozco a Carlos desde los tiempos del Cima Club, una agrupación parroquial portuense que paseaba por los pueblos de ese Norte la réplica casera de aquel programa de TVE, "Escala en Hi-Fi". Mi hermano Aquillo hacía de José Guardiola y el recordado Paco Afonso de su hija Rosa Mari . Imaginen ustedes el cuadro, pero actuábamos -creo que yo ejercía como una especie de representante de aquella tropa- a teatros llenos. Carlos me sopló la fecha, porque él se acuerda de todo y lo apunta casi todo, pero se me ha extraviado.

2.- Carlos Acosta, además de un excelente conocedor de las palabras, es un buenísimo poeta. Creo que tengo, y naturalmente he leído, todos sus libros; pero sobre todo sus poemas (y eso que no soy un buen lector de poesía). Desde aquella plaza amurallada por los sentimientos, mi amigo hace lazos en el aire con el pasado. Ha contado tantas cosas sobre su pueblo. Esa zona de la isla me parece bellísima. Respira un aire distinto, inmensamente limpio. Sus habitantes vivieron como nadie el drama de la emigración. Su gente es laboriosa y cordial. Garachico destila historia por todas partes y quien mejor la ha contado es Carlos, desde sus almenas de ficción, subido a una torre virtual de vigía. Y eso que no maneja ordenador; para este cometido tiene a su amiga Inmaculada , la mejor secretaria del mundo, compañera mía en el Colegio San Agustín de don Rafael Yanes .

3.- Mi amigo y yo nos vemos de vez en vez, cuando recalo yo a tomar café bajo las frondas de la plaza de la Villa y Puerto. Pronto será tan Puerto como siempre fue, el más importante de Tenerife. Carlos mira de reojo al volcán, por si acaso, pero allí sólo queda zahorra negra derramada sobre la montaña del pasado. De vez en cuando, Pepe Moriana organiza un congreso sobre la alegría. Qué bien. En ese convento sonrió Carlos por primera vez, luego de una porción de desgracias. Un abrazo, amigo.

achaves@radioranilla.com

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