EL DÍA, S/C de Tenerife
El antiguo convento de Santo Domingo acoge hasta el 6 de julio una muestra en la que se refleja la singular existencia de Petrus Gonsalus (Pedro González), un tinerfeño que vivió en el siglo XVI en diversas ciudades europeas y que fue conocido por su particular apariencia pues tenía el cuerpo cubierto de pelo. Esta exposición está enmarcada en las actividades programadas con motivo de la primera Muestra Internacional del Libro Antiguo, que será inaugurada hoy.
La concejala de Cultura del Ayuntamiento de Aguere, Fidencia Iglesias, presentó ayer esta iniciativa junto al comisario de la exposición y especialista en la figura de González, Roberto Zapperi. El experto señaló que "fue muy complicado llevar a cabo estas investigaciones". De hecho, recorrió numerosos archivos europeos y reconoció que su interés por la figura de Petrus Gonsalus nació "por casualidad". Por último, Zapperi añadió que encontró por primera vez un documento sobre el singular tinerfeño en el archivo de Parma.
En la exposición sobre Petrus Gonsalus, un hombre víctima del síndrome de Ambras (hipertricosis universalis), se pueden ver muchos retratos suyos así como de su esposa e hijos, que heredaron la enfermedad.
Gonsalus nació en Tenerife en 1537, pero tan solo vivió en la Isla durante diez años, pues se trasladó a París cuando era niño. Su aspecto le marcó desde muy pequeño, aunque consiguió convertirse en un personaje destacado de la corte francesa de la época.
La historia de este hombre se desarrolla a principios del siglo XVI, fecha en la que el pequeño guanche fue entregado como un regalo a Enrique II, rey de Francia. Poco se sabe de la vida de Gonsalus en la Isla, pues nació poco después de la Conquista y recibió el nombre de Pedro González.
Su vida en el continente
Su cara estaba cubierta de pelo de color rubio oscuro, aunque se reconocían sus rasgos. Su pecho y espalda, también peludos, le conferían el aspecto de "niño lobo", que le convirtió en un elemento muy valioso en la corte francesa del siglo XVI, en la que se valoraban las rarezas de la naturaleza.
En los distintos paneles de la exposición, ubicada en la parte alta del antiguo convento de Santo Domingo, se recuerda que cuando Enrique II vio por primera vez a Pedro González quedó fascinado ante aquel extraño personaje.
A partir de ese momento, González se convirtió en uno de los pupilos del monarca, que le procuró una amplia educación instruyéndolo en artes, humanidades y latín.
Tras la muerte de Enrique II, González contrajo matrimonio con una francesa y tuvieron cuatro hijos, dos de los cuales heredaron la rara enfermedad de su padre.
En la muestra se pueden ver también reproducciones de los retratos que se conservan de Pedro González y su familia, y se hace un breve recorrido por los lugares en los que transcurrió su vida: Tenerife, París, la corte francesa de Enrique II, Parma, Roma y la corte de los Farnesio. En estos últimos lugares el hombre velludo y sus hijos, también peludos, eran exhibidos como maravillas de la naturaleza y como mezcla de animal y ser humano.
Según explicó Iglesias, "la exposición persigue difundir la singular y poco conocida historia de Pedro González y sus hijos, pero insertándola y contextualizándola en la Europa de los siglos XVI y principios del XVII". En su opinión "fue un renacentista que es un orgullo para los canarios".
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