Cultura y Espectáculos
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VERSOS CADA DÍA

18/jun/08 06:56
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Balada de sol y de los mares

A la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, perfumada de azul y abarloada.

Yo quiero porhijarte, ciudad mía,

y cubrirte de halagos y de besos,

pues fuiste un día mar de Isla

y hoy eres para mi latido y sueño,

y un nido de espumas que me mira

vaciando en la distancia tantos hechos.

Yo deseo abrazarme a tus caminos,

a tu arboleda de música constante,

a las olas que ondulan a su ritmo

la balada del sol y de los mares,

esa voz y alianza del destino,

el fulgor de dicciones, sus instantes.

Yo quiero abrir mis alegrías

y conferirte mi cántico del alba,

los afanes maduros de mi vidas,

el pergeñar de amor, las llamaradas

del sufrir o gozar que aún entibian

los latidos urdidos en la infancia.

Yo anhelo colmarte de saludos

en la honda intimidad de mi silencio,

y beber de tu savia con orgullo,

pues solera y casta van fluyendo

de tus poros copiosos o desnudos,

de tu rostro vestido de revuelos.

Yo quiero decirle a tus montañas

que vengo de la arena ennegrecida,

y dormir mi corazón en tus entrañas

y en esos susurros que me brindan

honores y gestas tan queridas

que dejan en el tiempo la esperanza.

Pues yo sé que te llevo en tus proezas

y en tus marchitas raíces de colores,

y descanso pensando en tus esencias,

en la Cruz sublime de tu nombre,

ciudad horneada y tan cimera

en donde yo nací con tus pregones.

Juan Antonio López de Vergara y Batista

"...y los sueños, sueños son"

(Para Ana Plasencia Fagundo)

Dices que tus sueños son de promisiones,

y las promisiones, con su manifiesto.

Dices que te colman, con sus predicciones...

Y yo te recuerdo en tus soñaciones,

que no son los sueños un libro de texto.

Sueñas con ofertas tan alentadoras,

que fuerzan en ti, ganar su confianza.

Te dan mejor día; mejor esperanza;

y de amenidad te llenan las horas.

Dices que demuelen torpes divergencias,

con su fausta magia, muy concertadora.

Mencionan augurios; inician tendencias;

y cambian sin dudas y gran diligencia,

la pena que hunde, en gracia que aflora.

Son sueños que abren o cierran la herida,

incluso de aquél que nada padece.

Pero tú prefieres el sueño que diga:

¡Puedo con mi magia saciar en la vida,

la sed de bonanza que sin pausa crece!

Tras de la esperanza, insinúas tú:

¡Implorar al cielo, juiciosa conciencia;

implorar al cielo, que nos dé más luz;

que nos sea viable, llevar nuestra cruz,

y pedirle a Dios: feliz convivencia!

Tomás Montesdeoca Pérez

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