Balada de sol y de los mares
A la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, perfumada de azul y abarloada.
Yo quiero porhijarte, ciudad mía,
y cubrirte de halagos y de besos,
pues fuiste un día mar de Isla
y hoy eres para mi latido y sueño,
y un nido de espumas que me mira
vaciando en la distancia tantos hechos.
Yo deseo abrazarme a tus caminos,
a tu arboleda de música constante,
a las olas que ondulan a su ritmo
la balada del sol y de los mares,
esa voz y alianza del destino,
el fulgor de dicciones, sus instantes.
Yo quiero abrir mis alegrías
y conferirte mi cántico del alba,
los afanes maduros de mi vidas,
el pergeñar de amor, las llamaradas
del sufrir o gozar que aún entibian
los latidos urdidos en la infancia.
Yo anhelo colmarte de saludos
en la honda intimidad de mi silencio,
y beber de tu savia con orgullo,
pues solera y casta van fluyendo
de tus poros copiosos o desnudos,
de tu rostro vestido de revuelos.
Yo quiero decirle a tus montañas
que vengo de la arena ennegrecida,
y dormir mi corazón en tus entrañas
y en esos susurros que me brindan
honores y gestas tan queridas
que dejan en el tiempo la esperanza.
Pues yo sé que te llevo en tus proezas
y en tus marchitas raíces de colores,
y descanso pensando en tus esencias,
en la Cruz sublime de tu nombre,
ciudad horneada y tan cimera
en donde yo nací con tus pregones.
Juan Antonio López de Vergara y Batista
"...y los sueños, sueños son"
(Para Ana Plasencia Fagundo)
Dices que tus sueños son de promisiones,
y las promisiones, con su manifiesto.
Dices que te colman, con sus predicciones...
Y yo te recuerdo en tus soñaciones,
que no son los sueños un libro de texto.
Sueñas con ofertas tan alentadoras,
que fuerzan en ti, ganar su confianza.
Te dan mejor día; mejor esperanza;
y de amenidad te llenan las horas.
Dices que demuelen torpes divergencias,
con su fausta magia, muy concertadora.
Mencionan augurios; inician tendencias;
y cambian sin dudas y gran diligencia,
la pena que hunde, en gracia que aflora.
Son sueños que abren o cierran la herida,
incluso de aquél que nada padece.
Pero tú prefieres el sueño que diga:
¡Puedo con mi magia saciar en la vida,
la sed de bonanza que sin pausa crece!
Tras de la esperanza, insinúas tú:
¡Implorar al cielo, juiciosa conciencia;
implorar al cielo, que nos dé más luz;
que nos sea viable, llevar nuestra cruz,
y pedirle a Dios: feliz convivencia!
Tomás Montesdeoca Pérez
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