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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

¿Sabes dónde está Valencia?

18/jun/08 06:56
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OCURRIÓ el otro día en una tienda del Puerto de la Cruz. Pudo haber sido en una tienda de cualquier localidad tinerfeña, o de Canarias en general, pero fue en la otrora esplendorosa ciudad turística de este Archipiélago. Una señora peninsular, quizá perteneciente al cupo del Imserso -eso no lo indagué-, le decía a la dependienta que era de Valencia. "¿Sabes dónde está Valencia?", le preguntó con cierta prepotencia, ¿cómo decirlo?, ¿godil? Bueno, uno está curado de algunos espantos, aunque no de todos. Porque apenas había transcurrido media hora cuando me llamó una farmacéutica un tanto molesta. Una señora malagueña, presumiblemente también del Imserso -18 euros al día con pensión completa en un hotel de cierta categoría- acababa de montarle un pollo porque se negó a dispensarle un antibiótico sin receta. "¡Esto es el tercer mundo!", protestó iracunda. "En Málaga me lo venden sin ningún problema". Naturalmente que sí, señora. Entre otras cosas porque Andalucía, acaso gracias al pesebrismo de Manuel Chaves, es el primer mundo. De eso no me cabe la menor duda. Por cierto, en determinada ocasión, mientras pasaba una temporada en Arkansas, acompañé a unos amigos a un enorme hipermercado. Había una farmacia dividida en dos partes. En una, a la que el público podía acceder libremente, estaban los medicamentos de venta libre. El asunto se complicaba bastante para los que precisaban prescripción médica. Una de las chicas del grupo le entregó al farmacéutico la correspondiente receta, junto con el carnet de conducir; es decir, el DNI al uso por aquellas tierras. A la salida del híper pasó a recoger la medicina: un frasquito color topacio con doce pastillas dentro. Ni una más de las prescritas. Naturalmente, gracias a que Málaga es el primer mundo y Estados Unidos no, podemos tener personajes tan geniales como Antonio Banderas o la ministra miembra del Gobierno del talante Bibiana Aído, que no nació en Málaga pero sí en Cádiz; es decir, cerquita.

Uno no puede juzgar a un país por los comentarios coléricos, o las preguntas estúpidas, de unas señoras que, también probablemente, sea la primera vez que viajan tan lejos de su casa. Eso sí, si yo hubiera sido la dependienta de la tienda, le hubiese preguntado si sabía dónde está Canarias. Entiéndase si sabría situar este archipiélago en un mapa bueno, y no en ese que colgaba de la pared de la escuela a la que probablemente ella nunca fue, y que situaba a Canarias encima de Ceuta y Melilla. Y si hubiese sido la farmacéutica, habría mandado a la individua a Málaga a comprar los antibióticos. No quiero, por supuesto, echar leña a una hoguera que no he encendido. Lo he repetido en diversas ocasiones. Tan sólo subrayo que estas estupideces, más repetidas de lo que cabría esperar, hunden más a este país en su decimonónica ranciedad que Zapatero y Rajoy juntos. Que ya es decir.

En este contexto suena superflua la pregunta del presidente de CC, José Torres Stinga, sobre la financiación estatal de la Guanchancha. No entiende Stinga la negativa del Gobierno central a pagar la policía canaria cuando sí lo hace con las de Galicia y Murcia. Pero hombre de Dios: Galicia, Murcia y ahora también Málaga son el primer mundo. A veces me pregunto, y esta no es una pregunta baladí, quién tiene la culpa de lo que está pasando.

rpeyt@yahoo.es

 

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