NO DISCUTIMOS la escasa experiencia política de la consejera de Turismo del Gobierno de Canarias, Rita Martín, pese a que antes de desempeñar ese cargo sólo había sido concejal durante cuatro años en el municipio de Teguise. Tampoco cuestionamos que una técnica en Actividades Turísticas con grado de diplomada por la Universidad de Las Palmas esté más o menos preparada para dirigir la principal actividad económica del Archipiélago. Sus razones habrán tenido Paulino Rivero y José Manuel Soria para haberla elegido.
Lo inadmisible es que a la señora consejera, emulando a su compañera gubernativa en Sanidad, le haya faltado tiempo para favorecer a la provincia oriental. Nada nuevo bajo el sol. Canaria tiene la inmensa suerte de que sus políticos miran primero los asuntos locales y luego, si queda tiempo y dinero, piensan en la solidaridad regional. Solidaridad que sólo entienden los de enfrente si la capital única es Las Palmas, si la isla grande es Canaria y si todas las demás, incluida Tenerife, son sus meros satélites.
En el caso concreto que nos ocupa, Rita Martín ha evidenciado su obediencia canariona con la inversión para renovar las instalaciones turísticas en San Bartolomé de Tirajana. Eso sí, para que no se diga, la consejera le reclama al Gobierno central que, además de en este municipio, se invierta en los siete restantes núcleos turísticos en similar situación, empezando por el Puerto de la Cruz. ¿Y por qué no empezó por el Puerto de la Cruz la propia Consejería de Turismo? ¿No fue esta la primera ciudad en el desarrollo turístico de Canarias? ¿Por qué siempre en Las Palmas sí y en Tenerife no? Además, ¿cómo se sigue invirtiendo en el turismo de una isla que no tiene nada, pues es la más desangelada de todas? De lo único que puede presumir Canaria es de sus playas, abundantes en arena pero peligrosas para el baño. En la capital necesitan hasta a un Sandokán, que recientemente ha recibido la Medalla de Oro de Canarias, para que salve a la gente a punto de ahogarse. El resto de la isla redonda son secarrales sin belleza. Por favor, señora consejera: invierta usted donde es rentable, no donde le ordena el Sanedrín canarión. Usted, para abundancia de absurdos, es natural de Lanzarote; una isla sometida por la ambición de Canaria.
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Ni referéndum sobre la soberanía, como predica alguno, ni autodeterminación. Los canarios ya eran libres y estaban autodeterminados antes de la conquista. Lo que tenemos que abordar es un proceso de descolonización. Canarias no es una región como las otras comunidades autónomas españolas, sino un archipiélago separado del continente. Nuestra única opción es la independencia con el apoyo de Madrid, Bruselas y la ONU, o nuestra dependencia de Marruecos, que ya ha puesto sus avariciosos ojos en estas Islas.
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