NO ESTÁ AL ALCANCE de este modesto periodista destacar, de una tacada, toda la memoria histórica de los llamados "correíllos" en su relación con el archipiélago canario. Estos barcos de vapor, de elegante figura marinera, fueron construidos en astilleros británicos. Los diseñaron los ingenieros ingleses como propios para los mares de Canarias, en los que deberían servir líneas de comunicación en un archipiélago donde las aguas no son muy tranquilas y donde se presentan frecuentes cambios de tiempo, donde se pasa casi de la placidez de las aguas de un lago a la de los temporales, a veces violentos, que dificultan el recorrido de los itinerarios, por tener que rodear una costa lo que se dice no muy hospitalaria. Durante mucho tiempo, el pasaje tenía que acceder a tierra, o viceversa, en lanchas o embarcaciones menores, porque el barco no podía atracar en los primeros muelles del puerto de San Sebastián y de otros pueblos. Hasta casi entrada la década de los sesenta no se habilitaron los atraques.
Los primeros correíllos llegaron a Canarias en 1912, hasta cuyos días las islas no contaron con otros barcos que veleros o pequeñas embarcaciones a vapor. Todavía tendrían que pasar muchos años hasta que éste que lo es, que dicen en el campo, naciera en San Sebastián de La Gomera. Pero en la Villa, que así llamaban al pueblo, lo primero que aprendía a decir la gente menuda, en vez de papá y mamá, era chalana, barco, proa, popa y quilla. Así es que uno, apenas crecía un poco, era ya un experto en barcos y se interesaba por la navegación. O sea, que yo no vi llegar a los correíllos, pero desde que tuve uso de razón viajé en ellos, me mareé bastante y me sabía cómo era un correíllo por dentro y por fuera. A los tres correos grandes "León y Castillo", "Viera y Clavijo" y "La Palma", los llamaban "los oficiales" y a los otros "Gomera" y "Fuerteventura", "comerciales", los cuales operaban en Hermigua, Agulo, Playa de Santiago y Valle Gran Rey, donde cargaban plátanos y descargaban otras cosas. Las llegadas y las salidas de los correí- llos de San Sebastián eran como pequeñas fiestas, con muchos espectadores, la mayoría de los cuales no se embarcaban. Eso, en La Gomera, era todos los sábados a las doce horas.
La última parte de esta historia está protagonizada por el correíllo "La Palma".
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