En memoria al joven Javier Hernández de la Puente en su cuarto aniversario
Esta pena no se ha ido
y no se quiere marchar,
y me invade el corazón
y no se me irá jamás.
Pues cada día, hijo mío,
te recuerdo más y más,
y en cada rincón del alma
tus recuerdos allí están.
Ya no lloro, ya no lloro,
ya he dejado de llorar,
sólo rezo por tu alma
porque sé que donde estás,
se acabó tu sufrimiento
y ahí encontraste la paz.
También conservo tu móvil
esperando tu llamada
pues sé que un día lo harás
y me darás un abrazo
y me dirás:
¡Bien venida seas mamá
aquí sólo hay alegría
hay paz y felicidad!
Y estaremos siempre juntos
por toda una eternidad.
Tus padres que no te olvidan,
ni te olvidarán jamás.
Javier y Ángela
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