"La crisis y el verano de Canarias", ¡ayayay!, juntitos en la playa de Las Teresitas. La estación preferida de los que aún tienen trabajo en este país, unos 22,5 millones de activos ¿devotos? del curro, incluidos los profesionales de la "cosa" pública, dispuestos a liberar las tensiones acumuladas durante el tiempo que han cargado con la cruz a cuestas. ¿Pero no tienen adónde ir? Pues no. Porque con una inflación interanual (4,9 %, por ahora) repercutiendo en los artículos de primerísima necesidad: leche, carne, pescado, pan, fruta, etc., se hace imposible salir de las 12 millas de las aguas territoriales. Así que, de momento, lo más aconsejable es quedarse por aquí, en casita. Pendiente de las turbulencias de los precios de los carburantes, de las hipotecas, de los transportes? Y ya digo, con los ojos clavados en un turismo que, hoy por hoy, da de comer a muchas familias que dependen de él para el sustento corpóreo. ¿O no? Asimismo, y en situación de crisis, hay que darse prisa en abandonar el ritmo de gastar a lo tonto, sin reparo, vaya, que en tiempos de bonanza se permitían algunos. ¿Lo recuerdan? Con ese vivir, o desorden en las formas de aplicar lo esencial de la vida doméstica de antaño, la mayoría de las familias españolas gastaban a mansalva, o sea, sin afianzar los recursos ni controlar los excesos. Pero la cosa ha variado. Y tanto? que habrá que empezar a digerir los cambios, las dificultades y las añoranzas de una época sin apenas restricciones. Pero mucho me temo que esto vaya a traer consecuencias, sobre todo, en los jóvenes, porque no es fácil para una generación que lo ha tenido a pedir de boca, mayormente desposeídos de valores y sacrificios contrastables, entender, o asimilar, que el trabajo, los esfuerzos y la voluntad, dicho sea de paso, condicionan el presente. En cuanto al futuro, estimado lector, ya veremos lo que nos depara ZP, el mandamás de "las Españas", con el petróleo por las nubes, los mercados desabastecidos, etc., etc. ¡Pero, hombre de Dios, pare esto de una vez, no ve usted que su talante baja más que el mismo Ibex 35! Y porque, además, no es menos cierto que estamos ante un fenómeno global capaz de ponerlo todo patas arriba, de subvertir el orden social, e incluso, sembrar el caos en el planeta. Entre otras causas o desajustes, por un crecimiento económico irreflexivo, o salvaje, que no ha llegado a todas partes, y que a mí me parece que da la razón a Jan Tinbergen, célebre economista holandés y Premio Nobel de Economía, el cual dejó patente lo siguiente: "A escala internacional las economías de mercado necesitan cierto nivel de intervención; tanto para proveer bienes públicos, como para evitar una desigualdad mayor". En estas condiciones, ¡ojo!, y a medida que pasa el tiempo, aparecen tiburones dispuestos a devorar lo que caiga en sus fauces. Podría decirse que toda la vida ha sido igual. De hecho, el liberalismo representado por dos filósofos destacados, Hobbes y Spinoza, parten del principio de que el fuerte elimina al débil, y de que "el pez grande se come al chico". Eso no es progresismo, en todo caso, ambición desaforada... O como diría Luis Sampedro (economista y filósofo): "El principio liberal aplicado solamente al reduccionismo económico que entroniza los mecanismos e intereses capitalistas trae estas consecuencias". Dicho de otro modo: el liberalismo político implica un planteamiento global de la vida colectiva en todos sus aspectos: éticos, educativos, jurídicos, etc. Y puesto que en la práctica el liberalismo económico es todo lo contrario: dominante y suficiente, a costa de quien sea y de lo que sea, busca beneficios al máximo. ¡Y así va todo! j.manueleon@hotmail.com