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SUPERCONFIDENCIAL ANDRÉS CHAVES

Ahí se quedan

17/jun/08 06:58
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1.- Tantas veces he soñado con el título de mi último artículo, que ya casi se ha convertido en una obsesión. Lástima que no pueda abandonar esta profesión de manera tan impetuosa; pero ganas no me faltan. ¿Ustedes saben lo que significa tener que aguantar a una ministra, que insiste en que la Academia reconozca como el femenino de miembro, miembra? Ayer escuché a una presentadora de Cuatro usar en serio la palabra y me quedé patidifuso. ¿Cómo este país puede descender a estos niveles de estupidez? ¿Cómo puede ser reconocida como ministra una niñata andaluza que desprecia el idioma con contumacia? El idioma es algo muy serio para que cuatro mequetrefes lo destrocen. El idioma no se construye en los ministerios -más bien se hace añicos en la literatura oficial, inundada de gerundios-, sino entre la gente. Y no se pueden forzar las palabras porque las palabras llegan solas. Siempre ha sido así.

2.- Ahí se quedan. Este sería el título de mi último artículo; pero no puedo. Todavía, hasta que las fuerzas me abandonen del todo, he de permanecer asomado a esta ventana, pero intentando equivocarme racionalmente, como se equivoca todo ser humano, jamás con la actitud babieca de quien maltrata las palabras. Bibiana es la ministra del teléfono al que los maltratadotes han de llamar para anunciar su reprobable acto. La atractiva ministra de Zapatero que quiere lograr la igualdad entre hombres y mujeres (afortunadamente somos distintos, a mí me gustan mucho más ellas), dándole patadas al diccionario. Ahí se quedan, quiero gritar, pero no puedo. Muchos lo estarán deseando lo mismo que yo, pero ni una pizca más.

3.- No es bueno jugar con las palabras. Las palabras las lleva al diccionario la propia gente, no una ministra del Gobierno de ZP. Las palabras se sustentan en la costumbre de la calle a usarlas. El género epiceno (que hace innecesario el horrible "ellos y ellas", "vascos y vascas", "amigos y amigas", etcétera) ahorra energías idiomáticas, simplifica el discurso, no reitera. Pero la ministro Aído -Anson ha dicho que debe llamarse Aída, feminizando su apellido- ignora el neutro y quiere pasar a la historia de la lengua -que es una excelente historia- como la que acuñó la moneda de las miembras, ya lo ven. Quiero gritar: ahí se quedan. Pero no puedo.

achaves@radioranilla.com

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