JUAN JOSÉ RAMOS, Málaga
El Tenerife ya tiene el cartel de invitado perfecto. En las últimas temporadas ha visto ascender ante sus ojos al Getafe, al Valladolid y ayer a un Málaga que hizo lo justo para llevarse los tres puntos. Los nervios y la tensión atenazaron a los andaluces durante 43 eternos minutos, esos que tardó el conjunto que dirige José Luis Oltra en cometer el error grave de cada tarde que, como tantas otras jornadas, abrió el camino de la victoria para su rival.
De ahí en adelante, poco hay que contar más allá de la fiesta de una afición que vuelve a Primera, sólo dos años después, pero con un importante calvario a cuestas. El año pasado estuvo a punto de descender a Segunda B, está inmerso en una administración concursal y... asciende ahora porque acertó con las decisiones deportivas.
José Luis Oltra no quería dudas sobre su Tenerife en este encuentro y alineó un equipo titular, en el que sólo reservó a Blanco para proteger a Bertrán de la quinta tarjeta (que le hubiera suspendido para la primera jornada de la 08-09). Ni siquiera Cristo tuvo la oportunidad de jugar su primer choque como titular de la presente campaña. Se estrenó Manolo como pareja de Juanma en el centro de la defensa y volvió N'Diaye al pivote defensivo. Precisamente, fue el franco-senegalés el protagonista de los primeros minutos de la contienda, con dos disparos que llevaron el susto a las repletas gradas de La Rosaleda (6' y 16').
El balón era de los visitantes y la primera ocasión albiazul tardó en llegar. Fue en un libre indirecto dentro del área, señalado por el nefasto Pino Zamorano tras inventarse una cesión de Juanma a Raúl Navas (21'). Carpintero volvió a intentarlo más tarde desde la frontal (23') y Baha estuvo lento para ejecutar cuando recibió dentro del área (30'). Pero estas ocasiones, llegadas más por empuje que por fútbol, tuvieron su respuesta en una volea de Nino que Goitia envió fuera por poco (36').
Por primera vez (y única) quedó silenciado el graderío. Claro contraste con lo que acontecería siete minutos después. Antonio Hidalgo, alma y principal protagonista en el ascenso de este Málaga, hizo estallar La Rosaleda cuando encaró a Navas aprovechando un despiste de Manolo Martínez y le batió con la tranquilidad que sólo tienen los grandes jugadores, los de Primera, los buenos de verdad. El jugador catalán, que tendrá dónde elegir para militar en un conjunto de la máxima categoría, había fallado una ocasión segundos antes, pero no repitió. Ahí se acabó el encuentro y las esperanzas de la Real Sociedad, incapaz también de ganar en Anoeta.
El gol era justo lo que necesitaba la escuadra local. Eso y el descanso, para poner tranquilidad, serenarse y "matar" el encuentro en la reanudación. Porque en la segunda mitad no pasó nada. La posesión fue más para el bando malagueño y las oportunidades brillaron, pero por su ausencia.
Un centro al área tinerfeña, sin aparente peligro y desde la izquierda acabó con Pino Zamorano señalando penalty. Juanma había tocado con la mano, pero ¿de forma involuntaria, con la mano pegada al cuerpo? Hidalgo cogió el balón, se dirigió al punto de los 11 metros y, como si pateara en el jardín de su casa, logró el 2-0 que desataba la locura en la capital de la Costa del Sol (68'). A partir de ahí, el Málaga se limitó a esperar el final. Un final tan anhelado que sus seguidores quisieron "pitarlo" antes e invadieron el campo sin que se llegara al noventa. Tras varios minutos con el juego detenido, los jugadores regresaron al campo y Nino, según el acta del colegiado aunque no pareció tocarla ante Goitia, acortó distancias (93'). Era una anécdota porque ni servía para puntuar, ni al almeriense para lograr el pichichi ni a la Real para evitar otro año en Segunda. Se volverá a ver con este Tenerife honrado, que espera ser también competitivo.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD