ESPAÑA está que arde por los cuatro costados: huelgas por aquí, cesta de la compra por allá, la crisis como telón de fondo, medio país que se inunda y una Expo que promete, cuando en su primera comparecencia pública en la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados la recién estrenada ministra de Igualdad, Bibiana Aído, deja caer un bote de humo en forma de nueva palabra. Hasta aquí nada sorprendente, sobre todo si se tiene en cuenta la juventud de la protagonista de la noticia, el poco tiempo de permanencia en el cargo, el talante fresco que aparenta y el buen rollito que se le supone, pero una cosa es ser heredera de la imbecilidad o estupidez de los "pseudoprogres" que desde hace unos años usaban los dobletes, y otra es añadir la coletilla de: "No descarto que dicha terminología se pueda incluir en el diccionario", en clara alusión al femenino de palabra miembro.
Se veía venir. Empezamos con los ciudadanos y las ciudadanas y a este paso pronto se pone la Iglesia en pie de guerra y llegaremos a lo de frailes y frailas. Poco importa que la palabra miembra en cuestión se utilice en otras latitudes, y en ello ha estado claro el académico de la Lengua Gregorio Salvador, que ha calificado el término de "incorrecto y de no tener cabida en el diccionario actual", ¡y digo yo que este señor algo sabrá de español! ¡A ver cuándo aprendemos algo de gramática! El término "sexo" es un concepto biológico y el término "género" es un concepto gramatical. La palabra tiene género femenino pero carece de sexo, y cuando hablamos de violencia de género se entiende que se trata de seres sexuados, nunca de un sillón, que es de género masculino, agrediendo a una butaca, que es de género femenino.
Seamos serios con el español, un idioma que es patrimonio de todos los hablantes, y en estos figuran habitantes de países de diferentes tendencias políticas, a los que no podemos ideologizar el vocabulario. ¡Que nadie ponga el grito en el cielo! Gramaticalmente, hay palabras de género femenino que se aplican al sexo masculino sin que pase nada. Por ejemplo, hablamos de persona, familia, presidencia, y que yo sepa un hombre es una persona aún siendo la palabra de género femenino. La familia puede estar representada sólo por varones. Pese a ello, su género es femenino, y la presidencia estar ocupada, indistintamente, por un hombre o por una mujer, sin que ninguno de los dos renuncie a su cota de poder. No creo que a nadie se le ocurra calificar estos términos de discriminatorios y hacer apología del uso de "persono", "familio" o "presidencio".
Creo que la ministra, que es "miembro" del gobierno de la Nación y, por tanto, percibe un salario que pagamos entre todos y todas, debería ocuparse de solucionar los muchos problemas serios y reales que tenemos en España, los cuales van desde la violencia machista a la manifiesta desigualdad existente en temas educativos, acentuada, por ejemplo, por las dificultades que se plantean en algunas autonomías a los padres que desean que sus hijos estudien en castellano, lengua oficial del país. Haría bien la Sra. Aído, además de vestirse de rojo, en ponerse colorada al leer las declaraciones de una autoridad como Gregorio Salvador, el cual afirma sobre la apostilla de la ministra: "Eso sólo se le puede ocurrir a una persona carente de conocimientos gramaticales, lingüísticos y de todo tipo. Además, en España no podemos decidir sobre una lengua que se habla en muchos países [...]. La lengua es un sistema económico de expresión y el masculino vale en este caso como término neutro, que sirve para masculino y femenino".
Si Bibiana Aído pretendía enarbolar la bandera de la lucha contra el sexismo lingüístico, creo que no escogió el foro adecuado. La verdad es que se ha metido en el jardín de la concordancia, que no concordancio, sin afinar mucho. Ha hecho gala más que de incultura de estupidez, pues el uso del doblete "os/as" empezó entre los progres, los avanzados ideológicamente, para luego adentrarse como la mala hierba entre la gente que ha querido destacar por no sexista, por estar más cerca de todos los interlocutores, pero sobre todo entre aquellos que querían ocultar la falta de contenido en su mensaje.
Creo que a tanta imbecilidad no terminamos de acostumbrarnos. Puede resultar baladí, pero ¿tendremos que decir también vocala (femenino de vocal), el suplencio (masculino de la suplencia) y el tortugo (masculino de la especie)? Vamos; que a estas alturas del guión, cuando la tendencia es economizar el lenguaje, la operatividad en la administración, tendremos que plantearnos el hacer más extensos los formularios, las actas, las comparecencias, los discursos, para no ofender en cuestiones de género. ¿Y qué será de la coherencia y el sentido común?
* Titulada Superior Universitaria en Relaciones Institucionales y Protocolo
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