1.- El pasado sábado presentamos, esta vez en Valleseco, la novela de Ana de Juan , "El Risco". Creo que he contado alguna vez que Ana y yo sobrevivimos a un pavoroso incendio forestal, a costa de romper un coche de paquete en el que viajábamos, al que reventamos tres neumáticos antes de llegar, exhaustos, a una zona de salvación, escuchando el crepitar del fuego a nuestras espaldas. Sencillamente, logramos ser más rápidos que las llamas. Ana cambió esto por la Argentina -le alabo el gusto- y se casó con un fotógrafo, Rafa Wollmann , que tuvo la enorme potra de estar en Las Malvinas cuando se formó aquel pedo y obtener las mejores fotos de los inicios del conflicto armado. Tienen dos hijos, que son mis sobrinos adoptivos. A Rafa le doy yo envidia enseñándole mi colección de cámaras; y él a mí, y esto sí que tiene valor, recordándome que él estuvo allí y yo no. Gana él.
2.- Ana es una escritora de vocación, pero siempre duda: duda si es más escritora que pintora; duda si es más ama de casa y madre que narradora; en realidad, lo duda todo. Pero cuando empieza a escribir, lo borda. Y tuvo otros maestros mejores que yo, que no le hacía ni puto caso, como por ejemplo aquellos compañeros del periódico en el que los dos trabajábamos. Excepto contestar sus largos correos electrónicos, única discrepancia que mantengo con ella, con Ana de Juan me une una relación afectiva muy intensa, alimentada por los años. Su novela es muy buena. Lo que pasa es que, en estas Islas, cuatro personas se llaman intelectuales entre sí, aparecen en las enciclopedias que se editan unos a otros y configuran un círculo cerrado que más que figura geométrica es un ridículo estrambote. A mí hace tiempo que estas Islas y casi todos sus habitantes me causan mucha risa.
3.- Ángel Llanos ha organizado la presentación de "El Risco" en Valleseco, es decir, en su escenario natural, el pasado sábado. Los vecinos podrán saber lo que fueron leyendo la obra. El padre de Ana, Miguel , habrá sonreído, tan complacido, donde quiera que esté; y a Tita , su madre, se le borrará por un día la tristeza abrazando, sin tino, a su llorosa hija llegada de la Argentina con su marido, fotógrafo famoso, quien soporta dos méritos: uno, las gráficas de Las Malvinas y otras muchas más. Dos, aguantar la lectura de los e-mail que manda su señora esposa. Un beso a los dos.
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