El presidente Zapatero se enfrenta a una legislatura que va a seguir desgranando situaciones sociolaborales muy complejas y de difícil tratamiento. La paz social suele ser frágil, pero no la rompieron en la pasada legislatura ni las manifestaciones socio/político/religiosas ni siquiera la oposición frontal y judicial del PP contra la reforma estatutaria en Cataluña y las leyes que ampliaron derechos ciudadanos, alguno de las cuales sigue hiriendo la sensibilidad de amplios sectores de nuestra sociedad.
Pero ha bastado que unas organizaciones minoritarias del transporte por carretera declararan un cierre patronal en apoyo de sus protestas y reivindicaciones, por el precio de los carburantes, para que durante tres días la actualidad de España ofreciera imágenes de trastorno social grave. Y el Gobierno se ha visto obligado a desplegar por nuestro sistema viario todos sus efectivos disuasorios, Guardia Civil y Policía Nacional.
Cuando el tigre cachorro prueba el sabor de la sangre, ya pertenece para toda su vida a los latidos de la selva, y acude siempre a su llamada. En las dos últimas décadas hemos comprobado cómo los sindicatos, cuando no habían caído aún en su actual estado de postración, saborearon varias huelgas generales, organizadas contra gobiernos de izquierda (de izquierda muy suave), tras haber probado el sabor de sus primeras reivindicaciones airadas, con cierta violencia en los piquetes. Las imágenes que han recogido la forma en que unos transportistas realizaban su cierre patronal no es que sean un modelo a imitar por otros sectores productivos, pero hay otros sectores, agricultura, ganadería o pesca, que padecen muy duramente el encarecimiento del gasóleo y, en algún caso, especialmente en Galicia, ya han intentado liberar con cierta violencia la carga de sus problemas.
Lo del transporte puede servirle a Zapatero de advertencia para no desatender otras reivindicaciones en puertas, ya que la tranquilidad social requiere un constante ejercicio de previsiones.
Pero si le estallase en las manos, por previsión deficitaria, otro conflicto público como el que ya se apaga, al presidente del Gobierno se le irían cayendo de la pechera todas las laureadas que han premiado hasta ahora su intuición política y los efectos especiales con que designa o cesa a sus ministros.
Y como decorado de la legislatura, la crisis económica que va afectando a sectores que se creían libres de ella, pero a los que llegan también los efectos negativos porque la economía, si se exceptúa el sector bancario, es un complejo de actividades muy entrelazadas. Y la sociedad no va a contentarse, a la espera de otra bonanza, con los 400 euros que va a regalarnos de un momento a otro el Tesoro público. De ahí que el Consejo de Ministros aprobase una serie de medidas fiscales que estimularán la economía, pero el año que viene.
Junto a otros problemas, el de la financiación autonómica va a plantear serios problemas, y no mayores competencias, pues todo va a reducirse a demandas de dinero. Ninguna autonomía aceptará menos dinero que el recibido en el ejercicio anterior, pero como en éste el dinero escasea, los problemas aumentarán. Es, al menos, lo previsible.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD