BENJAMÍN REYES, Tenerife
La cuarta edición del Festival Aguaviva Canarias vivió la madrugada del sábado el clímax de "la fiesta de los océanos" con la celebración del macroconcierto, en el estadio de Los Cristianos, encabezado por Jamiroquai y flanqueado por El canto del loco y Calle 13 más el preludio de Arístides Moreno.
El inefable cantante grancanario fue el encargado de romper el hielo. Salió al escenario, en torno a las 22:15 horas, ataviado con una túnica azul cual chamán del absurdo para dar rienda suelta a su peculiar repertorio de canciones surrealistas impregnadas de sentido del ¿humor? que parecen tener su público. Público que todavía no llegaba a las tres mil personas. Cerró su variopinta actuación con su tema más conocido, "Horcon boy", y el himno del Aguaviva. Setenta minutos después, tras un interludio de veinte, llega el turno de El canto del loco.
Una pantalla muestra una carrera de espermatozoides, luego una embarazada, un feto y un recién nacido. Nace el concierto de la banda liderada por Dani Martín. El grupo madrileño ofreció los temas de su reciente disco "Personas", alternadas con algunas de sus canciones más conocidas. En el segundo tema ("Insoportable"), el cantante de Algete se enfundó una camisa de la selección española de fútbol, que le lanzaron al escenario, para algarabía del respetable que todavía celebraba los ecos del España 2 - Suecia 1 de la Eurocopa.
El canto del loco ha conseguido encaramarse en lo más alto de las listas de discos españoles gracias a la fórmula del éxito: cortes de tres minutos y medio, letras sencillas que versan sobre jóvenes enamorados y la rebeldía, melodías fáciles de digerir y estribillos que se repiten hasta la saciedad. "Puede ser", "Nada volverá a ser como antes" o "Zapatillas" provocaron que un mar de manos inundara el recinto. Reivindican ser un grupo de rock pero son sólo una formación de pop que actualiza el estilo de Los hombres G de la década de los ochenta. Cerraron su actuación de quince temas con "Eres tonto" y su archiconocido "Besos". Y los fans tan campantes.
Transcurre una hora y diez minutos hasta que llega el momento más anhelado: la salida al escenario de Jamiroquai, o lo que es lo mismo Jay Kay. El cantante inglés apareció ataviado con una sudadera de México (¿se habrá confundido de país? ¿será el "jet-lag"?) y su sempiterno gorro, que imita el plumaje de una tribu indígena, erigiéndose desde el comienzo en el jefe de la tribu de las "criaturas Aguaviva" gracias a sus característicos bailes espasmódicos y un repertorio que apostó sobre seguro, incluyendo todos los "hits" sobre los que ha cimentado su estatus de estrella mediática. Así, fueron cayendo "Space Cowboy", "Canned Heat", "Alrigth" o "Black Capricorn Day".
Jamiroquai, término que surge de la fusión de la tribu de los "iroquies" y la palabra "jamming" (improvisación musical), desplegó su "funky" electrónico con ramalazos de "acid jazz" ante el regocijo de un público entregado.
El gran mérito del cantante británico es que ha conseguido atraer a gente muy dispar perteneciente a tribus musicales distintas a través de unos sonidos de claras reminiscencias setenteras, que parecen extraídas de la banda sonora de películas como "Shaft" o "Sweet Sweetback's Baadasssss Song" o de la sintonía de la serie "Starsky y Hutch". Aunque interpretó temas de sus seis discos (que han vendido más de treinta millones de copias) se llevó la palma el álbum "Travelling Without Moving" (1996) con cuatro cortes, no en balde fue el disco que lo catapultó a la estratosfera musical. Jay Kay, alias Jamiroquai, se arropó con una sólida banda integrada por guitarra, bajo, batería, teclados, percusión y dos coristas con alma de blues.
Dos de sus himnos, "Cosmic Girl" y "Deeper Underground", pusieron el broche de oro, provocando el delirio, a un concierto grandioso. Noventa minutos trepidantes. Los que se gastaron 45 euros en la entrada los amortizaron. El fin de fiesta, a eso de las cuatro de la mañana, corrió a cargo del descamisado dúo puertorriqueño Calle 13. Ganadores de seis Grammys latinos, pero desconocidos por estos lares, hicieron gala de su hip-hop, con ramalazos "reggaeton", explícitamente sexual. Y como colofón, una sesión de pinchadiscos que se prolongó hasta el alba.
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