Esta semana hemos conocido la lista de jugadores que participarán en los próximos Juegos Olímpicos de Pekín, representando a nuestro país en lo que al baloncesto se refiere.
Nos habíamos acostumbrado a la presencia de uno de los nuestros en esa lista. Sin embargo, en esta ocasión se ha quedado fuera. Todas las convocatorias de la selección llenan de satisfacción y de orgullo, ¡cuánto más no lo será poder participar en una Olimpiada! De ahí la desilusión del propio Sergio y, por extensión, de todos los que nos sentíamos un poco más de la roja, con su presencia.
Sin embargo, y les aseguro que trato de no pecar de oportunista, el debate abierto sobre los posibles candidatos a ocupar el puesto de base, cobró una inclinación muy clara con la destitución de Pepu Hernández y la contratación posterior de Aíto García Reneses.
Especular, con la inclusión de Sergio Rodríguez si Pepu hubiese seguido al frente de la selección, no conduce a nada. Tampoco era seguro. Su escasa participación en el juego de Portland hacía peligrar la confianza de los técnicos hacia él.
Si ya en su primera temporada en la NBA, Sergio no disfrutó de muchos minutos, en esta segunda su presencia ha sido casi testimonial. Con todo hay que sumar, en su debe, que la última participación con la camiseta nacional en el europeo de Madrid, su cuota de protagonismo fue inferior a aquella que tuvo en Japón, en el mundial cuando, con su participación frente a Argentina, disparó todos los elogios.
Pensar que Sergio ha perdido calidad en su juego no sería lo adecuado. Que podía estar dentro del grupo de los seleccionables tampoco tiene discusión, pero la realidad es que hay fundamentos para pensar que esa desilusión, que tenemos todos, no se debe verbalizar en injusticia.
Los elegidos han sido Calderón, indiscutible. Los que vamos teniendo algunos años recordamos el debate que se abrió cuando Corbalán dejó la selección y no encontrábamos sustituto. No existía relevo para mitigar la ausencia de un jugador referente en el baloncesto nacional. Decir que José Manuel Calderón es uno de los mejores bases que han existido en nuestro país, no es faltar a la verdad. Su presencia, por responsabilidad en el juego, se antoja más determinante que la del propio Pau Gasol.
Raúl López lleva dos temporadas muy brillantes. Sin ir más lejos, la última, y a pesar de la eliminación de su equipo, ha sido más valiosa que la primera. Era una posibilidad que entrara en la lista de los tres bases y así ha sido.
El tercer puesto de base es para Ricky Rubio. Es aquí donde entendería mayor debate. La calidad del joven base catalán es poco discutible, pero tampoco es menos cierto que su regularidad, seguramente por su juventud, no es aún la deseada.
Ahora bien, si alguien conoce y puede sacar rendimiento en su juego con mayor seguridad ese no es otro que Aíto. Él ha sido quien, en los dos últimos años, ha puesto en escena a este jugador. Es quien mejor le conoce. A veces los entrenadores completan sus equipos con jugadores que saben seguro lo que les pueden dar.
Nos toca estar desconsolados por la ausencia de Sergio, pero igual de convencidos de las posibilidades de un jugador de la tierra, con una ambición deportiva enorme, al que le quedan muchas convocatorias por delante y alguna olimpiada que disfrutar.
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