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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Machaquemos al motero

14/jun/08 02:13
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DECÍA NAPOLEÓN que la envidía es una declaración de inferioridad. No sé a ciencia cierta si un conductor atrapado en una cola interminable, ya sea en una calle o en una autopista, siente envidia de los motoristas que se saltan las retenciones con bastante facilidad. Mucho no le debe gustar. Al menos considerando la cara que ponen algunos. El otro día me crucé con un tipo que iba en un Ferrari, perfectamente encajado en un inmóvil río de acero. Hay que ser belillo para echarse a la autopista del Norte, en dirección a Santa Cruz, un día laborable a las ocho de la mañana.

Ciertamente muchos motoristas se han ganado a pulso la animadversión que sienten los conductores hacia ellos. Aunque no todos. La mayoría son las víctimas del tráfico rodado, no los verdugos. En más del sesenta por ciento de las ocasiones, el accidente que sufre un motero está originado por un vehículo de cuatro ruedas. Sin embargo, como a día de hoy continúa siendo válido el dicho crea fama y échate a dormir, el Ministerio del Interior, y de forma específica la Dirección General de Tráfico, la ha tomado con ellos. A Alfredo Pérez Rubalcaba, el titular del ramo, las estadísticas de muertos sobre el asfalto no le van del todo mal. Las víctimas fatales se reducen?, salvo en el caso de los motoristas. Por eso está estudiando copiar el modelo francés y prohibir la matriculación de motocicletas con más de 100 caballos de potencia.

Ninguna de las dos motos que tengo llega a ese "caballaje", y con cualquiera de las dos puedo ir a más de 200 kilómetros por hora a poco que me lo proponga. Una irresponsabilidad que hoy me llevaría directamente a la cárcel en caso de ser detectado por cualquier agente del Benemérito Instituto. Y me parece bien. Locuras, las justas; es decir, ninguna. Tan sólo cito el dato para que los lectores no moteros se formen una idea de lo que estamos hablando. La velocidad punta de un vehículo, sea el que sea, depende de su potencia; nadie lo discute. Pero si en España el límite máximo está en 120 kilómetros por hora, y sólo en autopistas y autovías, habría que poner un tope de potencia bastante más bajo. Una moto de 30 ó 40 caballos puede superar esa velocidad sin necesidad de que quien la conduzca abra el gas a fondo.

En cuanto al aumento de víctimas mortales, también está ocurriendo lo mismo con los ciclistas. A lo mejor el día menos pensado Rubalcaba, o Pere Navarro -el director general de Tráfico-, tienen una idea igual de brillante y les da por imponer un límite de potencia para las bicicletas. Nadie tiene la culpa de ser tonto; hacer el ridículo, en cambio, es una opción evitable.

Concurre una circunstancia agravante. Cualquier niñato de 18 años puede obtener el carnet de clase B hoy por la tarde y comprarse un coche de 200 caballos mañana por la mañana. O incluso en el mismo día, si le da tiempo a llegar al concesionario. Vehículo, sobra decirlo, con el que puede dejar a un ciclista o a un motorista pegado al asfalto como si fuera un sello de correos. Para conducir una moto con más de 34 caballos, empero, hay que esperar dos años después de obtener la correspondiente licencia. Increíble pero grotesco. Aunque nadie ha dicho que este no sea un país patético.

rpeyt@yahoo.es

 

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